Hace ya 12 años desde que este texto "La ideologia Asturiana" empezó a circular por diversos espacios de la red. Una crítica necesaria (aunque en determinados aspectos superficial ya que no incide suficientemente en un análisis materialista de los por qués de los sujetos a los que deriva la crítica) y que sin embargo debido a que el ámbito teórico/práctico del que sale desapareció de la escena activista asturiana, ha quedado olvidada y es desconocida por las nuevas generaciones. Poca gente joven y nueva no obstante es ya la que se acerca al terreno del activismo social en Asturies y la que lo hace profesa un desconocimiento lógico y profundo de realidades organizativas que como la Corriente Sindical de Izquierda siguen vendiendo el mito del "sindicalismo combativo" a pesar de estar ya desaparecido prácticamente del conflicto social asturiano. En este sentido utilizo el término "ideología asturiana" como todos aquellos comportamientos y dinámicas propias de la Corriente Sindical d'Izquierdes, el "sindicalismo combativo" y la izquierda radical seguidista de ellas.
Aunque en el 2008 ya estaba todo el pescao vendido "La ideología asturiana" ha sufrido también un cambio evidente en estos 12 años. En el 2008 la izquierda radical asturiana ya se encontraba totalmente descompuesta. Los años inmediatamente predecesores del 15 M muestran unas dinámicas ralentizadas y testimoniales. En estos años la composición de clase del proletariado asturiano está asumiendo mutaciones irreversibles en su comportamiento, donde los conflictos a nivel de fábrica de los que tradicionalmente se ha alimentado "la ideologia asturiana" se expresan ya en un sentido estético alejado del enfrentamiento callejero y el desorden público. El sindicalismo en su variante "radical" se ve imposibilitado ya de escenificar un teatro del conflicto que le daba un sentido existencial. La desaparición de la movilización de base asamblearia en los conflictos obreros en Asturies es también una realidad en el 2008 ( a pesar del optimismo ciertamente fetichista de los autores del texto referido, no hay que olvidar que el despido de los eventuales en el conflicto de Naval Xixón y que fue el principio del cierre del astillero, fue decidido en asamblea ).
La mediación sindical en un terreno únicamente "representativo" y con una movilización controlada desde el interior del cuerpo obrero será ya la tónica dominante en el sector de clase tradicional. Esto se verá a las claras años después (2013/2014) en el conflicto de amortiguadores Monroe en Xixón donde ante la amenaza de cierre de la fábrica, los trabajadores guiados por la Corriente Sindical de Izquierdas, se alejan de la barricada y el enfrentamiento para optar por la mediación política más vomitiva, poniendo el nombre de una calle a un mediador en el conflicto, el berlusconiano ex vicepresidente del PPeuropeo y oficial militar italiano del aire Antonio Tajani. Es muy representativa la escena del actual scrto general de la CSI aplaudiendo en el descubrimiento de la placa de la calle con Tajani presente.
Anteriormente se había ya dado un punto de inflexión significativo en esta tendencia durante la huelga general del 2012. Los responsables de la CSI fueron claves para impedir los disturbios y el asalto a la comisaría de la policía de Xixón debido a las detenciones de unos piquetes en el transcurso de esta jornada.
Por otra parte el surgimiento del 15 M parecía que iba a ser el punto final de la transmisión de "la ideología asturiana". La aparición de este movimiento fue vista con un recelo tremendo por parte de la mayoría de la izquierda radical asturiana y de la Corriente Sindical de Izquierda. El 15 M expresaba las inquietudes de un sujeto hetereogéneo en formación, una parte del proletariado alejado completamente de la práctica sindical en las empresas, jóvenes en paro , una gran parte de ell@s "sobradamente preparad@s" condenados a emigrar y a vivir en la precariedad ,a los y las que el sistema capitalista les había prometido un futuro de éxito. El movimiento se expresaba en unas formas radicalmente democráticas, sin líderes ni jefes, rechazando toda forma organizativa al margen de la protesta concreta. También recelaba de cualquier empleo de la violencia y del enfrentamiento directo y se situaba fuera de la tradición de lucha social asturiana (lo cual fue uno de los aspectos más negativos y paralizantes del mov. ). Una amalgama de contradicciones y carencias, pero también de impulsos transformadores con una potencia no vistos desde hacía muchos años. La izda radical asturiana y la CSI además de contrarios eran incapaces de intervenir en modo alguno en este movimiento ya que ni lo entendían ni tampoco tenían una práctica de intervención estratégica en los conflictos más allá de la tradicional "defensa de los puestos de trabajo" en las empresas. En este sentido el 15 M barrió durante un tiempo la prevalencia de la "ideología asturiana" en el conflicto social en Asturies.
La posterior carrera institucional del 15 M con la creación de Podemos en Asturies estuvo no obstante comandada en parte por actores que venían de la experiencia sindical en CSI y la izquierda radical . Un proyecto exitoso al menos en sus comienzos, de integración en el sistema democrático representativo y de desmovilización callejera, ansiado por muchas personas que veían como durante años su participación en organizaciones minúsculas de la izda radical era incapaz de llegar a tener representación institucional y que ahora veían la oportunidad de calentar poltronas y pisar moqueta de forma duradera. No obstante parte de la izda radical y del grupo ejecutivo de la CSI seguía viendo con recelo la deriva del 15 M ya en Podemos. Eran competidores en el dominio estético de una protesta cada vez ya más mermada de sus componentes tradicionales en Asturies. Con la expulsión de la CSI de parte de ese grupo anclado en la trayectoria más estéticamente radical de la Corriente, las relaciones del sindicato con Podemos y sus representantes institucionales fueron más cercanas hasta llegar actualmente a un entendimiento cordial y a un apoyo mutuo interesado entre ambos.
La CSI durante estos últimos años fue creciendo en afiliación sobre todo en sectores provenientes de la Administración Pública, atraídos por los éxitos judiciales de sus abogados y poco dados también a manifestaciones cercanas a la barricada quemando ( ni siquiera en su sentido estético).Al mismo tiempo se fue vaciando de una militancia activa que fue envejeciendo, apartándose y no renovándose debido principalmente a que las dinámicas del sindicalismo "combativo" ya vaciado del contexto de agitación obrera en la reestructuración productiva del capitalismo de los 80/90 no difieren ( ni pueden diferir) en la práctica de las del resto de sindicatos, vistos definitivamente por los/as trabajadores/as como un "servicio" y no cómo la herramienta de lucha que en la práctica real dudosamente alguna vez llegaron a ser . En este sentido la idea de que los sindicatos no valen, algo presente en la conciencia actual de la generalidad l@s trabajores/as y de hecho totalmente cierto, es algo positivo ( y que debería potenciarse a la vez que ser unido a que por el contrario la lucha al margen de ellos si vale).
La perseverancia actual de los mismos lideres que empezaron con la CSI en los 80 de dar un valor de lucha a la organización del sindicato se encuentra más que nunca en una situación "ahistórica". El sujeto que representaban está ya muerto. La defensa de los puestos de trabajo y del tejido industrial asturiano, única estrategia política que fueron capaces de desarrollar y totalmente preñada de la lógica capitalista del obrero satisfecho de ser explotado, está hoy en día en una via muerta que sólo los minúsculos restos de la extrema izquierda y de la menguada composición institucional de Podemos se afanan en "defender" . La mística de la barricada apagada aún sigue siendo defendida por los representantes de "la ideología asturiana" pero sin ninguna base que pueda darle ya una influencia en el desarrollo del conflicto de clase en Asturies. Sin embargo sigue actuando como una rémora ante la falta de referente teórico práctico en las personas preocupadas políticamente y con inquietudes sociales en el panorama asturiano actual.
Fuera de la "ideología asturiana"
El monopolio sobre el conflicto social en Asturies de estas dinámicas tuvo sus excepciones a las que debemos también efectuar una crítica/autocrítica.
Durante los años a los que se refiere éste texto existieron en Asturies momentos organizativos en los que otros referentes divergentes de ésta práctica sindicalista tuvieron su presencia. A finales de los 80 y durante los 90 en el terreno del movimiento libertario surgieron grupos y gentes que formalizaron una actuación crítica con todo ésto. Moviéndose desde la autonomia pero a veces interrelacionados también con la CSI y la CNT , sin romper totalmente con estas organizaciones, fueron desarrollando un discurso teórico y práctico que incidía en campos como la okupación de viviendas, el antimilitarismo, la intervención en conflictos obreros desde una perspectiva autónoma, la práctica del sabotaje o la creación de publicaciones como el Llar. Esto duró más o menos hasta el desalojo del Centro Social Anarquista de Xixón por parte de la Federación Local de la CNT. Este desalojo deshizo la continuación duradera en el tiempo de ésta experiencia ciertamente importante y cortocircuitó las posibilidades de un desarrollo que evolucionara sobre una práctica estructurada en lo social. De aquí siguió un grupo ya apartado y cada vez más enguetizado, con un discurso hermético, ideologizado y muy intransigente , que no consiguió desarrollar una práctica social visible más allá de la extensión de un sabotaje , muy sano y fresco, pero incapaz de influir como tendencia de comportamiento político. Otra parte formó CNT Avilés y luego pasarían a la Corriente Sindical de Izquierdas.
Un caso atipico en Asturies fue sin duda el de la insumisión, la lucha antimilitarista y la Coordinadora Asturiana por la Insumisión. Una lucha totalmente autónoma y asamblearia que a pesar de estar integrada y animada por personas en una gran parte provenientes de partidos y sindicatos, logró mantener su propia dinámica de disenso y enfrentamiento con el Estado en base a la desobediencia civil, sin depender de estrategias ajenas, incidiendo notablemente en el cuerpo social asturiano y estableciéndose como uno de los pocos movimientos sociales victoriosos de los últimos años. Sin embargo una vez acabada la obligatoriedad del servicio militar , el movimiento antimilitarista se disolvió como fuerza actuante autónoma sin que quedara mucha huella de su acción práctica. Ultimamente ha intentado ser capitalizada por Podemos en una reivindicación de la misma despojada de su carácter antagonista y convertida en un recuerdo nostálgico para promoción de algunos insumisos instalados ya en carreras políticas serias.
Las luchas antiglobalización mundiales tuvieron en Asturies también el intento de la formación de un espacio autónomo que duró poco y desapareció antes incluso de que las luchas altermundialistas desaparecieran del mapa.
Al calor de la kale borroka vasca y unido también al extenso uso del sabotaje en las movilizaciones obreras surgieron expresiones autónomas desde la óptica de un independentismo radical y enfrentado a las opciones socialdemócratas de partidos como Andecha Astur o BIA. Fueron incapaces también de construir un discurso que calara en lo social y terminaron debido principalmente a los golpes represivos y a la labor contraria de las organizaciones portadoras de la ideología nacionalista en Asturies.
Es de reseñar además el proyecto de periódico alternativo Güei. Un proyecto autónomo de contrainformación genérica del conflicto social en Asturies, que no logró tampoco establecerse en el tiempo debido principalmente a la falta de movimientos sociales que lo respaldaran. A pesar de no tener un discurso explícito de crítica a las organizaciones de la izquierda radical portadoras de ésta "ideología asturiana" de la que hablamos y a veces cayendo en los tópicos de la misma, si desarrolló una práctica independiente de ellas y autónoma, con los consiguientes enfrentamientos subterráneos con las mismas.
A nivel antirrepresivo surgió también en Asturies el FUSOA, rescatado de las cenizas de la organización antirrepresiva y solidaria de los 70, amparado por la CSI en un principio pronto termina enfrentándose a la política de la misma en el caso del minero encarcelado Primitivo u otros casos como el del minero detenido acusado de la quema de una Empresa de Trabajo Temporal o el de Fer, acusado de terrorismo, encarcelado y juzgado en la Audiencia Nacional. Obligado este colectivo a llevar una práctica autónoma más por fuerza mayor que por convicción propia, al dejar las organizaciones de la izda radical asturiana indefensos a militantes víctimas de la represión, subsiste residualmente hasta hoy en día.
En la creación de todos estos espacios autónomos confluyen a veces las mismas personas, otras veces están enfrentadas y en ningún caso se logra construir una alternativa duradera al monopolio de las dinámicas de la "ideología asturiana". La influencia de la misma es importante y logra captar muchas veces a elementos de estos proyectos autónomos impidiendo también el establecimiento de un discurso independiente en el tiempo.
Posteriormente, tras el 15 M y producto de la intervención en el mismo, surge un intento desde la autonomía de crear una Coordinadora Anticapitalista que también fracasará al poco de empezar. El grupo impulsor de la misma acabará disuelto entre disputas personales, acusaciones y abandonos.
La irrupción del nuevo movimiento feminista en Asturies tampoco se ha concretado en la aparición de una práctica autónoma. Aunque se haya afortunadamente muy alejado de la óptica de la "ideología asturiana", y ha puesto en el terreno político/social de nuevo sobre la mesa entre otros, aspectos importantísimos del trabajo reproductivo relacionados con el terreno de la lucha de clase gracias a las huelgas generales que ha convocado, hasta hoy parece que desarrolla su devenir en un terreno de denuncia también representativo con fuerte presencia de tendencias institucionales, que se han concretado en una desaparición paulatina de la movilización callejera del mismo.
En definitiva en Asturies ha sido imposible mantener el hilo rojo de la autonomía, cortado siempre por propios y ajenos y ocultado siempre en la madeja de la "ideología asturiana". La alternativa a ésto es constituirse en una afuera y contra esta dinámica. Con la asamblea como base desde luego, pero no como única base. Hace falta una estrategia de superación, un análisis de la realidad actual de la composición de clase asturiana , de los sujetos en conflicto objetivo con esta sociedad capitalista y un terreno de intervención antagonista . Organizarse fuera y contra el consenso, de forma abierta y sin demasiados prejuicios ideológicos pero fundamentalmente apartarse de todo lo que huela a "ideología asturiana".
LA IDEOLOGÍA ASTURIANA (2008)
El caso asturiano, por sus peculiares características, puede servir como el ejemplo práctico más acabado de las limitaciones del sindicalismo en cuanto instrumento defensivo y ofensivo de los trabajadores. La tradición combativa -la herencia revolucionaria- y la estructura económica de Asturias han permitido que los sindicatos hayan gozado, desde su legalización, de un poder social que no encuentra correspondencia en ningún otro lugar del Estado Español, por lo que sus vicios y taras se han revelado más plenamente que en cualquier otro sitio.
Asturias tiene una amplia tradición sindical. Durante los años de «transición» política y posterior reestructuración económica la memoria colectiva de los trabajadores asturianos ha retenido el papel que en su día se arrogaron los sindicatos asturianos: la Alianza Obrera, constituida en 1934 por -a diferencia del resto del Estado- todas las organizaciones sindicales y políticas de clase, con el propósito explícito de superar el régimen capitalista; y la posterior insurrección armada del proletariado asturiano. A los ojos de los trabajadores asturianos este episodio ha dotado de un prestigio totalmente injustificado, fruto de persistentes mixtificaciones, a las organizaciones sindicales, por cuanto el pacto aliancista fue una consecuencia obligada, y no un requisito previo, de la combatividad del proletariado asturiano.
A este episodio, y para reforzarlo, debe sumarse el nacimiento de las Comisiones Obreras como exponente de un modelo, en su origen antisindical, de autoorganización de los trabajadores en época franquista, rápidamente liquidado por el PCE en aras de su proyecto de «reconciliación nacional», que en la práctica se traducía en una estrategia cuyo objetivo último era hacer ver a los capitalistas «modernos» que era más práctico tener un PCE legalizado, que ejerciese un férreo control sobre la clase obrera para garantizar su subordinación al proyecto capitalista, que la opción de la represión pura y dura, que podría dar lugar a un proletariado salvaje. La manera de liquidar a las Comisiones Obreras fue transformándolas de movimiento sociopolítico a sindicato correa de transmisión del Partido.
A este episodio, y para reforzarlo, debe sumarse el nacimiento de las Comisiones Obreras como exponente de un modelo, en su origen antisindical, de autoorganización de los trabajadores en época franquista, rápidamente liquidado por el PCE en aras de su proyecto de «reconciliación nacional», que en la práctica se traducía en una estrategia cuyo objetivo último era hacer ver a los capitalistas «modernos» que era más práctico tener un PCE legalizado, que ejerciese un férreo control sobre la clase obrera para garantizar su subordinación al proyecto capitalista, que la opción de la represión pura y dura, que podría dar lugar a un proletariado salvaje. La manera de liquidar a las Comisiones Obreras fue transformándolas de movimiento sociopolítico a sindicato correa de transmisión del Partido.
Esta tradición sindical ha encontrado además en el modelo económico asturiano una base material sobre la que desarrollarse. Durante muchos años Asturias ha visto como su economía, y por tanto toda la vida social, se organizaba en torno a las necesidades del sector secundario. La elevada concentración industrial, basada en la minería, la siderurgia y la metalurgia fundamentalmente, organizada en grandes empresas, la mayoría de titularidad pública -con puestos de trabajo de por vida y que se transmitían de padres a hijos-, ha favorecido el desarrollo de unos gigantescos aparatos sindicales, con sus cohortes de liberados y una organización modelada según la lógica empresarial.
Los cuadros sindicales, rígidamente disciplinados, han impuesto su ley en Asturias desde la llamada «transición democrática», consiguiendo imponerse sólo tras la derrota previa del movimiento asambleario de los años 70. Asturias ha registrado en estos años la mayor tasa de afiliación sindical del país: empresas públicas como HUNOSA, la -en su tiempo- macroempresa minera, han registrado porcentajes de afiliación superiores al 90%. Estas condiciones han permitido la imposición de una política sindical de tipo mafioso, dónde los ascensos de categoría o la liberación sindical no se deben a la valía profesional o a la capacidad de trabajo, sino a la obediencia estricta de las instrucciones emanadas de los órganos sindicales, integrados en muchos casos en los consejos de administración de las empresas. Esta estructura sindical se corresponde a un determinado tipo de práctica sindical, que a su vez responde a unos intereses concretos. El poder se concentra en los funcionarios y dirigentes, auténticos profesionales de la representación sindical, con una preponderancia de las secciones sindicales, como expansión del sindicato en la empresa, sobre los comités de empresa; y donde se reduce a las asambleas al papel de reuniones informativas donde sancionar lo decidido en las alturas. Las consecuencias se resumen en una desmovilización, insolidaridad y corporativismo que se ajustan como un guante a la mano capitalista que ha promovido esta práctica sindical. Por un lado los sindicatos mantienen la paz social, favoreciendo la reestructuración económica y la reconversión productiva a través de pactos sociales y, por otro, a cambio, se convierten en auténticos gestores de la economía y sociedad asturiana, a través de su estricto control del aparato del PSOE y el PCE, poniendo y quitando gobiernos regionales y gestionando presupuestos multimillonarios como los fondos destinados a la reconversión (por ejemplo los llamados «fondos mineros»).
Como reacción a esta línea, y tratando de recoger la herencia combativa del proletariado asturiano y hacer frente a la reconversión económica, surge la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI). En su origen la CSI representaba a una corriente interna de CCOO, opuesta a la línea pactista y desmovilizadora de la dirección del sindicato. Esta tendencia, minoritaria en Asturias, representaba sin embargo el sector mayoritario de CCOO de Gijón, donde ostentaba los cargos de dirección. Tras su expulsión este sector se convierte en sindicato, en contra de sus deseos, puesto que durante sus primeros años la estrategia de la CSI estuvo orientada a su readmisión en CCOO, y se propugnaba la permanencia en ellas mientras fuese posible.
Ante las condiciones generadas por la reconversión industrial en Asturias, y especialmente en Gijón, con tasas de paro superiores al 30%, la CSI acaba por erigirse en representante de los sectores obreros más duramente castigados por la reestructuración capitalista, allá donde UGT y CCOO llevan a cabo una línea negociadora y subordinada a las necesidades capitalistas. El rechazo radical a la pérdida de puestos de trabajo, la preponderancia de las asambleas frente a las consignas de las direcciones sindicales, el recurso a la movilización -violenta si es preciso- y la ausencia de liberados sindicales se convierten en los ejes de actuación de la CSI.
La CSI gusta de definirse como un sindicato radical, pero ser radical significa ir a la raíz de las cosas: una organización es radical cuando ataca la causa de los problemas, no sus fenómenos o expresiones particulares. En este sentido la CSI se ha perdido y ha contribuido a la desmoralización y a la desmovilización desde el momento en que no ha querido, podido o sabido relacionar la reconversión con la dinámica capitalista, cómo si los numerosos conflictos respondiesen al capricho de algún capitalista particular y no a una necesidad histórica. Al definirse como una organización puramente sindical su práctica quedó reducida a la defensa desesperada de los puestos de trabajo, siendo, por ello, incapaz de ofrecer ninguna alternativa real al proceso reestructurador y, mucho menos, de frenarlo. Aquí juega un papel de primer orden la ideología, nunca declara abiertamente, del sindicato y más concretamente de sus líderes más significados. Al aceptar la rígida división artificial entre lucha económica, que sería llevada a cabo por el sindicato, y la lucha política, reservada al Partido, la CSI ha perpetuado nefastamente el esquema leninista -concebido a comienzos del siglo XX para una sociedad con un proletariado industrial escaso y atrasado-, que considera al Partido como la organización jerarquizada construida como vanguardia dirigente con el objetivo explícito de constituir la auténtica consciencia de la clase, incapaz por sí misma de ir más allá de las reivindicaciones puramente económicas.(1)
Esta rigidez y este dogmatismo han impedido a la CSI extraer las consecuencias prácticas necesarias para proceder a poner fin a la división entre lucha económica y lucha política y, recuperando el origen de las CCOO como movimiento sociopolítico, plantear una crítica real al modo de producción capitalista y a sus catastróficas consecuencias para Asturias. La incapacidad para superar estas contradicciones que lastraban a la CSI desde su origen trajo, naturalmente, las consecuencias que se podían prever: una potenciación de los «líderes», la generación de un espíritu de corps que considera a la organización como un fin en sí misma, la sospecha de cualquier crítica como «traición», el aislamiento y posterior expulsión de los sectores críticos o la búsqueda irracional de referentes políticos (llegando a potenciar desde el estalinismo más barato hasta el carácter «nacional» del sindicato -contribuyendo de esta manera a importar a Asturias una ideología foránea, esto es, totalmente ajena a la tradición y carácter de la clase obrera asturiana, como paradójicamente es el «nacionalismo astur»-).(2).
Esta dinámica llevó en la práctica a la CSI, ante el temor de quedarse «aislado», a subordinar sus movilizaciones a la de los sindicatos mayoritarios, y convertirse en el auxiliar de estos en los conflictos más radicalizados, recogiendo de esta manera las migajas de la desesperación que UGT y CCOO se podían permitir despreciar. Esta subordinación táctica y la absoluta falta de previsión estratégica llevó a la dirección del sindicato, básicamente constituido por las mismas personas durante todo el período, a desmantelar secciones sindicales especialmente reacias a esta artificial unidad construida desde las alturas, como la de la minería, y explica de la misma manera la escasa implantación conseguida en las cuencas mineras, donde al diluirse las diferencias estratégicas y tácticas y existir un porcentaje de afiliación ya muy elevado no se ven las razones para cambiar un sindicato por otro, que además es minoritario, con las desventajas a todos los niveles que ello conlleva. Tras implantar, no sin rechazos de importancia, el chantaje de las prejubilaciones, UGT y CCOO han conseguido llevar adelante la reconversión minera. La CSI fue incapaz de ofrecer alternativas para que los mineros rechazasen irse a casa con todo el salario. La insistencia en la “reindustrialización” se reveló como una mantra ineficaz.
Al final, la CSI ha acabado representando, sobre todo en el resto del Estado español, el papel de sindicato radical y alternativo, capaz de hacer otro tipo de sindicalismo. Pero como hemos visto ese radicalismo ha sido totalmente circunstancial y ha degenerado, por tanto, en una imagen, una pose, un rol a representar -sin demasiada convicción- en el mercado laboral asturiano, siempre dispuesta a vender un poco más cara la fuerza de trabajo a la que representa que el resto de competidores sindicales. La CSI ha acabado constituyendo un polo de reagrupamiento de obreros desesperados sobre una base sindicalista, en realidad moderada y aceptable por el orden establecido.
Los conflictos laborales más radicales durante este tiempo han contado con un común denominador, que no ha sido la CSI, sino el papel protagonista de las asambleas como órgano supremo de unidad y de decisión. Esto ha ocurrido en empresas con implantación de la CSI, como Naval Gijón, y en otras donde la CSI era inexistente, como Duro Felguera. En ambos casos la lucha fue larga, dura y, en ocasiones, al margen de la legalidad, y el poder de decisión residió siempre en los trabajadores y no en los sindicatos. Allí donde los sindicatos consiguieron impedir la implantación y desarrollo de asambleas decisorias estables, como en las Fábricas de Armas de Oviedo y Trubia y, sobre todo en HUNOSA, las luchas adquirieron un carácter más desesperado, limitándose a generar un clima de violencia obrera y popular en las calles de las cuencas mineras en estallidos puntuales coincidentes con los procesos negociadores de la reconversión minera, y generalmente protagonizados más por jóvenes estudiantes y parados que por los propios mineros, tendencia que ha ido acentuándose con el paso del tiempo.
Cabe destacar que muchas de las movilizaciones han contado con una permisividad social que se ha traducido en una impunidad jurídica para los trabajadores, demostrando que la llamada Justicia y la legalidad son cuestiones meramente de correlación de fuerzas. Así durante 20 años la policía ha sido incapaz de llevar ante los tribunales a ninguno de los autores de los numerosos sabotajes relacionados con los distintos conflictos laborales: barricadas, enfrentamientos con la policía, quema de bancos, trenes y autobuses, lanzamiento de cócteles molotov, asalto a oficinas, retención de directivos e incluso colocación de artefactos explosivos se han sucedido sin que la represión pudiese actuar. El carácter defensivo de estas acciones ha logrado obtener un amplio respaldo social, pese a ser condenadas por la práctica totalidad de organizaciones políticas y sindicales, constituyendo la CSI la única excepción a esta condena. Sin embargo cuando a finales de los años 90 se extienden por Asturias los sabotajes y acciones ilegales no vinculadas directamente a ningún conflicto laboral (acciones con un marcado carácter ofensivo) la CSI deja de constituir la excepción, si no sumándose al coro mediático de criminalización y condena si mostrando su inhibición ante los diversos episodios represivos que, sin embargo, han tenido un carácter mucho más grave (aplicación de la legislación antiterrorista, encarcelamientos).
Así ha ido creándose una especie de falsa conciencia que condena la lucha cuando no es llevada a cabo por honrados padres de familia que defienden el pan de sus hijos y las letras del coche. La descomposición de la CSI, principal portador de esta ideología asturiana, alcanza su cenit con el juicio, condena y posterior encarcelamiento de dos de sus líderes más reconocidos -bajo acusaciones ridículas: quema del cajetín de una cámara de video-, con el objetivo implícito por parte del poder de cerrar Naval Gijón sin encontrarse resistencias significativas para así permitir el desarrollo del proceso especulativo que afecta especialmente a la zona donde se encuentra el astillero y, en un sentido más amplio, liquidar de forma definitiva los restos de cualquier expresión de resistencia a la gestión capitalista. La CSI promueve la constitución de una Plataforma Ciudadana Contra la Represión y por las Libertades, que se suma a las numerosas organizaciones «antirrepresivas» ya existentes en Asturias. La proliferación de este tipo de organizaciones no deja de ser paradójica en una región que no registra presos políticos, exiliados ni clandestinos, y es revelador de la incapacidad y la desorientación de los sectores de la izquierda «radical» asturiana, cuyo programa máximo se cifra en la destitución del Delegado del Gobierno, como suprema encarnación del mal, para sustituirlo por otro que lo haga mejor.
Así ha ido creándose una especie de falsa conciencia que condena la lucha cuando no es llevada a cabo por honrados padres de familia que defienden el pan de sus hijos y las letras del coche. La descomposición de la CSI, principal portador de esta ideología asturiana, alcanza su cenit con el juicio, condena y posterior encarcelamiento de dos de sus líderes más reconocidos -bajo acusaciones ridículas: quema del cajetín de una cámara de video-, con el objetivo implícito por parte del poder de cerrar Naval Gijón sin encontrarse resistencias significativas para así permitir el desarrollo del proceso especulativo que afecta especialmente a la zona donde se encuentra el astillero y, en un sentido más amplio, liquidar de forma definitiva los restos de cualquier expresión de resistencia a la gestión capitalista. La CSI promueve la constitución de una Plataforma Ciudadana Contra la Represión y por las Libertades, que se suma a las numerosas organizaciones «antirrepresivas» ya existentes en Asturias. La proliferación de este tipo de organizaciones no deja de ser paradójica en una región que no registra presos políticos, exiliados ni clandestinos, y es revelador de la incapacidad y la desorientación de los sectores de la izquierda «radical» asturiana, cuyo programa máximo se cifra en la destitución del Delegado del Gobierno, como suprema encarnación del mal, para sustituirlo por otro que lo haga mejor.
Con anterioridad al encarcelamiento desde la CSI y la Plataforma se insinúa que este motivaría una respuesta radical en la calle, bajo la forma de manifestaciones, barricadas, sabotajes e incluso una huelga general en Gijón. Aceptando el reto las autoridades deciden el encarcelamiento sorpresivo de los dos sindicalistas. Ante ello la Plataforma se limita a solicitar respetuosamente el indulto, como la solución mágica al encarcelamiento, y organizan una campaña dirigida a mostrar que todos somos «ciudadanos» educados y responsables, y que los encarcelados son inocentes de los cargos que se les imputan. Mientras, por un lado la Plataforma (que pese a su pomposa denominación es una organización construida ad hominen) se asegura que ninguna movilización se escape a su encuadramiento, por otro negocia en silencio con las autoridades la excarcelación a cambio de paz social. Al cabo de veinte días, en los que no se ha registrado ninguna acción de importancia a favor de los encarcelados, estos son puestos en libertad, pero no gracias al indulto ansiado, sino a la espera de recursos judiciales, por lo que su situación queda en manos de las autoridades que pueden emplear como chantaje para conseguir un cierre tranquilo de Naval Gijón. Sin embargo, la Plataforma y numerosas organizaciones izquierdistas exhiben en sus comunicados un tono triunfalista totalmente alucinado que revela el grado de derrota alcanzado por quien ni quiere ni puede aceptar la realidad y pretende imponer a todos los demás su propio terrorismo de la conformidad.
Así, este episodio pone fin a la larga tradición del sindicalismo asturiano como anomalía dentro del panorama del Estado español. Al facilitar la reconversión industrial los propios sindicatos han contribuido a privarse de la base material de su poder: así por ejemplo en HUNOSA se ha pasado de más de 20.000 trabajadores a menos de 2.000, disminuyendo por tanto de esta forma el poder sindical y estableciendo una tendencia a la «normalización» de su papel en relación con el resto del Estado. El modelo productivo también ha evolucionado acorde con los tiempos, imponiéndose la precariedad, el subempleo, y en general la sustitución del sector secundario por el terciario como motor de la economía regional (pese a que la industria conserva una gran importancia). Se cierran las minas y se abre el Museo de la Minería, los mineros prejubilados se sacan un sobresueldo traficando con dinamita y droga en el mercado negro. Se acabaron las largas luchas salvajes, los enfrentamientos violentos, las asambleas decisorias, la respuesta contundente de la clase obrera. Cualquier perspectiva de suprimir este estado de cosas pasará inevitablemente por la crítica del sindicalismo y su superación práctica a través del único instrumento que, confirmando las experiencias históricas del siglo XX, asegura la unidad y la autonomía de los trabajadores: las asambleas soberanas y la autoorganización, que supriman la división entre lucha económica y lucha política, planteen una crítica a la economía y al trabajo asalariado y tiendan, de esta forma, a recuperar el viejo proyecto revolucionario de una sociedad sin clases.
1. Realmente hay que dudar si la CSI sigue un esquema leninista conscientemente si es que el esquema que tiene es realmente leninista, cosa que tampoco creo que sea asi. La CSI nunca ha tenido un partido político como referencia, y tampoco se ha visto nunca como una vanguardia así misma en el sentido que no ha tenido una vocación estratégica más allá de patrimonializar la contestación obrera radicalizada en un ámbito meramente defensivo. En general ha sido una organización sin objetivos claros. Muy alejada de los principios , tácticas y finalidades del sindicalismo revolucionario que veía el sindicato como el germen de la nueva sociedad, tampoco ha sido correa de transmisión de ninguna fuerza externa. Por lo tanto en nada se parece a una organización leninista contemporánea ni por supuesto tiene nada que ver con el Partido bolchevique a cuyo frente estuvo Lenin. Sus propios líderes han sido las únicas referencias reales de ésta organización. Ciertamente formados en una tradición de "polit buró soviético" más que leninista, su(s) dirigente no obstante dan más el tipo de representantes de una organización cristiana caritativa.
2. Poca importancia ha tenido la búsqueda de referentes políticos en la CSI. Más allá de la figura paternalista de Fidel Castro, la importancia que ha tenido esto en el desarrollo del sindicato ha sido nula. Por otra parte el aporte de la CSI al desarrollo del nacionalismo astur ha sido meramente testimonial. La mayoría de sus cuadros históricos tuvieron una concepción política españolista heredada del PCE y en los nuevos está ,salvo excepciones, totalmente ausente el sentimiento nacionalista. Tal es así que a pesar de que parte de su afiliación fue tradicionalmente astur falante pocos eran los que supieran escribir un comunicado en su propia lengua.
2. Poca importancia ha tenido la búsqueda de referentes políticos en la CSI. Más allá de la figura paternalista de Fidel Castro, la importancia que ha tenido esto en el desarrollo del sindicato ha sido nula. Por otra parte el aporte de la CSI al desarrollo del nacionalismo astur ha sido meramente testimonial. La mayoría de sus cuadros históricos tuvieron una concepción política españolista heredada del PCE y en los nuevos está ,salvo excepciones, totalmente ausente el sentimiento nacionalista. Tal es así que a pesar de que parte de su afiliación fue tradicionalmente astur falante pocos eran los que supieran escribir un comunicado en su propia lengua.

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