El desarrollo del capitalismo moderno, que se traduce en la ocupación
de todo el espacio social por mercancías, en la generalización del trabajo
asalariado, pero también en una degradación de los valores morales y
un desprecio por el trabajo y por las ideologías, aumentará la violencia
del choque. Los proletarios van a ir mucho más rápido y mucho más
lejos que en lo anterior. Si las organizaciones de militantes pudieron
antiguamente desempeñar un papel revolucionario por un tiempo, ya
no será posible. Estas organizaciones sólo pueden volverse rápidamente
más y más contrarrevolucionarias al momento de las siguientes grandes
batallas de la lucha
(la militancia, estadio superior de la alienación)
¿Qué están haciendo los compañeros en esta fase? (Digo compañeros como especie y no como género) Entonces, ¿qué hacen? Viven en sus burbujas, redes sociales o centrosociales, en espacios olvidados por la realidad, rincones marginales y orgullosos de serlo. Simplemente apague su computadora o no asista a la burbuja, y desaparecen. Ya no existen. Desgarrando a lo largo de los bordes, no queda nada. Sí, porque antes de hacernos la pregunta con la que empezamos, deberíamos preguntarnos si todavía quedan estos compañeros. Si su existencia no corre el riesgo de convertirse en un postulado, un acto de fe, algo a buscar con la obstinación obstinada del entomólogo o del coleccionista.
Aclaremos. Todo el mundo es libre de sentirse y definirse como un compañero, hacen bien en hacerlo, Dios no lo quiera. Y luego en esta sociedad, di lo que quieras, si hay algo que no falta es la libertad individual. Todos son libres de decir y hacer lo que quieran, siempre que todo lo que digan y hagan sea una mercancía. La mercancía de los compañeros ya no está tirando, pero a nadie se le impide cultivar su nicho, más aún si no molestan a nadie. Lo que ha fallado es esa forma de agregación colectiva, ese ambiente político que hacía de los compañeros algo más y diferente, radicalmente diferente, del simple estilo de consumo de la identidad. (Dejad que los muertos entierren a los muertos) Kritik.
En Asturies durante los últimos años los grupos de personas que plasmaban en la práctica militante una toma de conciencia social crítica al orden establecido, se han visto reducidos a su mínima expresión. La deriva de esta militancia ha discurrido proporcionalmente a la situación particular asturiana donde las fuerzas institucionales (partidos y sindicatos) de lo que fue el movimiento obrero, patrimoniolizaron el espacio crítico visible, conformando un bloque casi siempre monolítico en donde cualquier visión apartada de la participación en estas organizaciones fue estigmatizada, perseguida y condenada a un apartheid ideológico. El posterior resultado de estos partidos y sindicatos, atomizándose cada vez más en disputas miserables, corrupciones, actuaciones mafiosas y amiguismos interesados, ha posibilitado una huida paulatina de la poca militancia existente en Asturies a sus particulares burbujas personales, dejando de manifiesto además lo endeble y débil que el compromiso social resulta en estos tiempos. La evolución de la sociedad capitalista ha tenido su efecto determinante también en la práctica militante, en el centro mismo del motivo de la decisión de ocupar un tiempo de la vida en la organización y proselitismo de una visión política antagonista de lo existente.
Mucho se ha escrito en la crítica de esta militancia como actividad separada de la vida, similar al tiempo de trabajo realizado para el Capital, o al tiempo de ocio que el consumo capitalista también requiere para su valorización completa.
"Es porque la actividad del militante no es la extensión de sus deseos, es porque obedece a una lógica que le es externa, que se aproxima al trabajo. Del mismo modo que el trabajador no trabaja para él mismo, el militante no milita para él mismo. El resultado de su acción no se pueden medir por el placer que obtiene de ella. En lugar de ello será por el número de horas gastadas, el número de volantes distribuidos. La repetición y la rutina dominan la actividad del militante. La separación entre la ejecución y la decisión refuerza el costado funcional del militante."
(La Militancia estadio superior de la alienación, folleto).
Resulta muy curioso la semejanza entre las triquiñuelas que el militante inventaba para liberarse de sus obligaciones como tal y el comportamiento del trabajador para liberarse del tiempo de trabajo: absentismo, bajas médicas o "compromisos familiares ineludibles"....
Sin embargo, la subsunción real de todos los aspectos vitales humanos en la lógica de la mercancía que ha conformado la evolución socioeconómica actual trae inevitablemente consigo la imposibilidad de esta separación formal. Es muy complicado y cada vez más impracticable desdoblar la vida en funciones separadas de la lógica del Capital. La militancia como actividad independiente y desplazada de la cotidianidad vital capitalista es ya una quimera que se ve envuelta en un saco de miseria cada vez menos rentable y satisfactorio hasta llegar al límite de hacerla imposible.
Si bien en años pretéritos era posible una enajenación en este sentido, es decir, mantener ilusoriamente esta capacidad de fijar un tiempo para cada cosa, dedicar funcionalmente un espacio de nuestra vida a una actividad formal desdoblada de la realidad cotidiana de trabajo, consumo, familia y demás mierda obligatoriamente impuesta por las necesidades de subsistencia y por la normativa capitalista ( ambas complementarias), hoy en día el monopolio total generado por el Capital ha herido de muerte esta posibilidad que generaba una militancia política testimonial, que no ponía en peligro el orden establecido general y que de una manera u otra ayudaba a mantener la disidencia en los límites tolerables dentro de un sistema circunstancialmente elástico para convivir con fuentes de crítica que en la teoría lo ponían en cuestión.
El devenir militante en Asturies ha sido cooptado además por fuerzas que salvo en momentos ocasionales de ruptura social generalizada han tenido una práctica especialmente legalista y mansa.
Esas fuerzas, partidos y sindicatos, de imaginario radical incluso, fomentaban la actividad política de forma normalizada, en una práctica respetuosa con los límites formales de la democracia representativa en todas sus variantes. De hecho lo que ofrecían era una especie de iglesia disidente para personas con vocación pero sin demasiadas preocupaciones teológicas y con ninguna intención de seguir el camino de Cristo en la tierra. Un referente más o menos cómodo para entretenerse y consolarse a través de las buenas artes de los sacerdotes que impartían doctrina en sus locales.
Pasadas ya las épocas de conflicto de clase en tensión permanente, expresada en múltiples luchas que explotaban por doquier, y donde realmente la militancia era casi más una necesidad impuesta por las circunstancias que una decisión consciente, la conformación militante clásica en Asturies ,desarrollada como decimos a través de partidos, sindicatos y organizaciones satélites de los mismos, sin movimientos sociales destacables, fue exponencialmente decreciendo y a la vez mostrándose con síntomas cada vez más evidentes de ser una actividad alejada de un compromiso político íntegro y "desinteresado", poco atractiva también para un mínimo "entretenimiento" personal y con gangrenas internas pestilentes que espantaban de la misma hasta a sus más acérrimos defensores.
La expresión política militante que emanaba de este tipo de organizaciones ha sido en parte sustituida por el discurso virtual en las redes sociales, último refugio de los más pertinaces continuadores de esa forma enajenada de compromiso social crítico, que encuentran en la inmaterialidad de la comunicación cibernética un asidero para seguir en una dinámica al margen de la vida real, consolándose con acumular más o menos seguidores, likes o retweets y a la postre promocionarse en el mercado de la cháchara virtual, controlado por mecanismos generadores de plusvalor a go-go gracias a cantidades ingentes de trabajo no pagado generado por sus usuari@s y acumulado incesantemente por los dueños de los medios.
Las dinámicas políticas que suscitan las redes tienen no obstante escasa importancia en Asturies, porque hasta en ese terreno es marginal y poco operativa. Salvo guettos muy concretos de personajes que se empeñan en conseguir un "modus vivendi" en la modernidad post industrial a través de una desganada y errática venta de su mercancía politico-comunicacional en las redes ( un ejemplo concreto sería Nortes), la poca receptividad que suscitan hacen que sean merecedores más de pena que de crítica.
La militancia como autoengaño
El mercado asturiano de una militancia tranquila y en ocasiones provechosa ha resultado un fracaso manifiesto ya que no puede competir de ninguna manera en la situación actual de dominación real capitalista de todos los aspectos de la vida cotidiana con otras mercancías de entretenimiento mucho más satisfactorias y evidentemente menos hipócritas. El autoengaño militante trasladado a la sociedad como alternativa en venta y ofrecido como una consolación para aquellas personas que apuntan a descubrir que el sistema imperante no funciona ni les resulta gratificante, se manifiesta cada vez más inoperante. Los fracasos acumulados por la acción de las organizaciones de la izquierda durante todos estos últimos años para constituirse como aglutinador de un punto de vista antagonista y de ofrecer una práctica diferente a la lógica dominadora del Capital, han llegado a un punto de no retorno.
El cadáver expuesto, tal que una momia en el centro de Moscú, ya no es visitado ni por los nostálgicos más recalcitrantes.
La dinámica que esta situación genera es un aceleración de los comportamientos más políticamente impresentables y degenerados. Ni siquiera la fuerza liberadora de la crítica feminista que últimamente se ha dejado sentir por todas partes ha logrado hacer mella en aquello de que "lo personal, es político". No ha sido por otra parte el feminismo en sus expresiones organizadas capaz de sustraerse a esta dinámica y ha caído también en las mismas contradicciones que intentaba destacar. Verticalismo, separación, burocracia, representatividad y deriva institucional han sido aspectos en los que el movimiento feminista de los últimos años ha entrado de forma palmaria.
El autoengaño de la militancia en Asturies, como compromiso político práctico, es ya el rey desnudo que todos alcanzan a ver sin ropas, salvo el propio rey en solitario que se ve elegantemente vestido.
La reunionitis, el activismo pega carteles y mecanografiador de panfletos ya no es un reclamo para nadie con dos dedos de frente, los militantes más perversamente masoquistas en este sentido han sido condenados al ostracismo ante las mejores oportunidades que dan las redes sociales para con el mínimo esfuerzo y sin aguantar ya al líder de turno, abstraerse en la teoría corta y la frase ingeniosa alrededor de los acontecimientos que desde la distancia se siguen contemplando y sobre los que uno se imagina tener algún tipo de influencia.
Los nostálgicos que oponen a la militancia virtual la militancia física de las anteriores décadas en las organizaciones de izquierda no son capaces de ver que la enajenación es la misma con distintas formas.
En Asturies por otra parte no existió históricamente desde la reforma política del franquismo una militancia entregada a la ilegalidad y a la lucha abierta , lo que no ha producido tampoco una especial sensibilidad ante las consecuencias de la represión en la vida del militante sumergido en tales cuitas, por lo que una reivindicación de la misma , aunque nos pese mucho, resulta también objetivamente anacrónica y fuera de lugar en nuestro contexto. La problemática de este tipo de actividad militante por tanto y sus contradicciones, sus grandezas y las miserias que también acarrea no viene al caso aquí analizar ya que aparece como "extraña" y lejana. Si bien durante algunos años la mítica del "guerrillero" y la solidaridad con los que actuaban con la crítica de las armas se fomentó por parte de ciertas organizaciones, siempre lo fue con lo que ocurría a miles de kilómetros de distancia, obviando los ejemplos más cercanos que podrían desestabilizar la tranquilidad de una actividad tolerada por los poderes instituidos.
La actividad militante separada y a la vez complementaria con una vida ordenada en los límites del sistema no es posible pues realizarla por el camino de la ilegalidad y esto era algo que la izquierda asturiana no estaba dispuesta a renunciar. Sin embargo, una apología de la lucha ilegal como punto de ruptura revolucionaria per se y como culminación de la totalidad de la acción política, sería muy dificultosa hacerla y tendríamos que analizar distintas situaciones y condiciones concretas que no vienen al caso. Es un debate a parte y como decimos, en Asturies se nos muestra fuera de las condiciones concretas del terreno sobre el que nos movemos. Hace muchas décadas que en esta tierra nadie propone romper con todo con las armas en la mano, con lo cual no es ésta la discusión.
El éxodo de la militancia
La militancia política fue acortando su tiempo de vida en la historia de las personas durante éstas últimas décadas. Si bien la típica frase de "quien no haya sido revolucionari@ de joven es que no ha sido joven" indica el habitual sarpullido juvenil que much@s pasan durante temporadina convulsa antes de encarrilarse a una vida ordenada en la que sólo existe trabajo, familia y ocio, la militancia misma en las organizaciones de la izquierda ofrecía una identidad que se transmitía a lo largo de los años. Los cambios socioeconómicos que acabaron con la seguridad de la alternativa de ser militante de izquierdas, y que removieron el tejido social sobre el que se asentaba, dejaron esta identidad fuera de lugar, en un limbo nostálgico y cada vez más testimonial, representado en torno a círculos cada vez más reducidos de dinosaurios que se negaban a desaparecer. Estos dinosaurios tuvieron no obstante durante mucho tiempo un papel destacado en el mantenimiento de la militancia en Asturies. La figura del líder como totem paternalista emanador de confianza y seguridad junto a la nula capacidad crítica de la militancia asturiana con la autoridad constituida en sus organizaciones ha ofrecido un componente determinante para el desarrollo en el tiempo de la misma. Organizaciones como la Corriente Sindical d'Izquierdes, paradigma de la izquierda radical asturiana han logrado mantener su fachada en pie a pesar del imparable derrumbe interno gracias al afecto y sumisión que su líder lograba impregnar en casi toda la militancia.
En Asturies una vez que el enésimo intento reformista protagonizado por Podemos ha resultado un fracaso incluso para los más entusiastas del mismo, y que fue durante unos años el aglutinador de más militantes, confortados eso sí por las buenas expectativas de una carrera política bien remunerada, ha dejado un vacío que no podemos dejar de ver con cierta esperanza.
El tiempo de la militancia ha muerto y debemos sin duda alegrarnos por la desaparición de una de las enajenaciones que más han pervertido el significado de la revolución como antagonismo total del orden establecido.
El vacío contestatario
Más allá de lo positivo que el certificado funerario de la militancia ha traído, lo cierto es que ha dejado un vacío en la respuesta contestaria al totalitarismo capitalista. Los militantes se han ido a su casa y a sus quehaceres personales sin ninguna pregunta al respecto. Como quién cambia de oficio, dejan atrás un periodo de su vida al que de vez en cuando dedican ciertos recuerdos nostálgicos de forma semejante al amante de la buena música que en alguna ocasión pincha un vinilo para recordar ciertas sensaciones que el escuchar música por spooty o youtube no le proporciona. Más allá de eso, la actividad para crear una alternativa antagonista a lo existente está desaparecida.
La tierra ha sido tan quemada en Asturies que ni siquiera los tímidos procesos autoorganizativos que en otros lugares se están desarrollando como los llamados sindicatos de barrio o de vivienda ha tenido lugar. Construir una alternativa global crítica con el sistema capitalista, al margen de jerarquías, liderismos y mistificaciones varias, en unos tiempos que la atrofia de la acción política se muestra cada vez más evidente es un camino harto difícil. La instancia de "participación" o de "proyecto" se marchitan en una sociedad donde el abandono, la resignación y el sometimiento son monedas de cambio en la circulación del Capital. El sentido de la "pertenencia a algo" ha caducado y por lo tanto no queda otra cosa que arrojarlo al cubo de la basura. Sin embargo la necesidad del "sentido de pertenencia" sin ese algo que lo ha mistificado durante tanto tiempo sigue estando presente. Es necesario pues redefinir la geometría de la acción política y la "militancia" en relación a ese éxodo que se ha manifestado sin vuelta atrás como el signo de nuestros tiempos. La mediación, el delegacionismo, la articulación de la esfera pública colectiva en base a propuestas de separación y enajenación no son ya posibles. Este desarraigo y defección a toda propuesta presente hoy en día debe ser cualificada, armarla operativamente para ser capaces de construir sobre lo real un terreno antagonista cierto. Lo mismo que el Capital "ha puesto a trabajar" en sus medios comunicativos desde el cinismo y el oportunismo esta forma de comportamiento, es decir la ha convertido en plusvalía, también ese rechazo, esa defección puede ser puesta a hacer huelga. Para ello es necesario "fusilar" sin contemplaciones todos los resquicios de la vieja militancia y a sus defensores más embaucadores.
La organización revolucionaria no puede ser más que la crítica unitaria
de la sociedad, es decir, una crítica que no pacta con ninguna forma de
poder separado, en ningún lugar del mundo, y una crítica pronunciada
globalmente contra todos los aspectos de la vida social alienada. En la lucha
de la organización revolucionaria contra la sociedad de clases, las armas
no son otra cosa que la esencia de los propios combatientes: la organización
revolucionaria no puede reproducir en sí misma las condiciones de escisión y
de jerarquía de la sociedad dominante.
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