"Los obreros no van a la fábrica a hacer encuestas, sino porque se ven obligados a ello. El trabajo no es una manera de vivir. Sino la obligación de venderse para vivir. Y es luchando contra el trabajo, contra esta venta forzada de sí mismos como combaten contra las reglas de la sociedad. Y es luchando por trabajar menos, por no seguir siendo envenenados por el trabajo como luchan también contra la nocividad. Porque nocivo es levantarse todas las mañanas para ir a trabajar, nocivo es seguir los ritmos, los modos de la producción, nocivo es hacer los turnos, nocivo es irse a casa con un salario que te obliga a volver a la fábrica al día siguiente... " Asamblea Autónoma de Porto Marghera, 1974.
Los procesos impuestos por los cambios económicos, que a nivel global, se han ido desarrollando en los últimos 40 años han cambiado profunda y radicalmente, no sólo la composición de clase de los sujetos subordinados por el Capital, sino también sus formas de vida y las relaciones sociales generadas en torno a los modos de subsistencia. La naturaleza aglutinadora del trabajo asalariado del proletariado industrial concentrado en fábricas, estructurado en sindicatos y partidos de izquierda y formado en una cultura obrera específica ha desaparecido por completo. Al contrario de lo que los sueños húmedos nostálgicos de la izquierda tradicional (también en su versión radical) nos quieren hacer creer, esta situación estaba condicionada por un status quo comandado por el Capital, donde el proletariado estaba secuestrado por unas fuerzas mediadoras (partidos, sindicatos y grupúsculos) que apuntalaban ideológica y prácticamente el orden social capitalista en torno al incuestionable anatema del trabajo asalariado como la máxima conquista a la que la clase obrera podía aspirar. Los supuestos herederos del discurso marxista habían obviado el centro de la crítica de Marx en todo su trabajo teórico:
“En vez del lema conservador de “¡un salario justo por una jornada de trabajo justa! deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: ¡abolición del sistema del trabajo asalariado!” (Marx; salario, precio, ganancia p434)
“En vez del lema conservador de “¡un salario justo por una jornada de trabajo justa! deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: ¡abolición del sistema del trabajo asalariado!” (Marx; salario, precio, ganancia p434)
Sin embargo, pese a la contumacia política y sindical de encuadrar las luchas obreras en objetivos sensatos por el trabajo asalariado la ruptura sobre esta cuestión aparecía constantemente tanto de forma organizada como difusa. El rechazo al trabajo fue parte intrínseca del comportamiento del/a obrer@ del fordismo industrial (-entendemos aquí por fordismo industrial la organización del trabajo asalariado que tuvo su origen en torno al diseño empresarial desarrollado por Ford y las técnicas de Taylor en grandes fábricas donde se concentraba la mayoría de la población obrera y que se desarrolló desde los años 30 hasta el final de los años 70 -). Un rechazo que se manifestaba en huelgas salvajes, sabotajes, absentismo masivo, desaceleración de ritmos, la práctica corriente del robo de herramienta....
Esa era una parte de la cultura obrera que las organizaciones de la izquierda odiaban con todas sus fuerzas y que se avergonzaban de reconocer. La posibilidad que l@s esclav@s del orden laboral tuvieran comportamientos tan salvajes era algo obsceno para las fuerzas de la representación social que veían la lucha de clase como una cuestión de "orden" y encuadramiento para subsanar los desfases de la explotación en su forma más cruenta y no para acabar con ella. La presentación, propia del victimismo cristiano, de una clase obrera que sufría con responsabilidad la dureza del trabajo asalariado, que era capaz de sacrificarse y que sólo tenía como objetivo comer, formar familias y reproducirse, fue la base teórico práctica de la totalidad de la izquierda organizada en este periodo.
Sin embargo, el rechazo del trabajo no fue sólo un comportamiento específico y propio de la fábrica en la que el control sindical ejercía su papel de garante de estabilidad productiva. La irrupción de este rechazo entre las mujeres tanto asalariadas como no asalariadas tuvo su expresión radical en la negativa masiva a dejar el control de su capacidad reproductiva de fuerza de trabajo en manos del poder capitalista durante un momento de crisis generalizada de modelo económico basado en el desarrollo industrial. Si bien el control del cuerpo de la mujer fue un factor clave utilizado por los poderes dominantes para asegurar la producción y reproducción de los sistemas económicos establecidos y por tanto del desarrollo de la organización del trabajo en sus distintas formas a lo largo de todos los ciclos históricos, en la formación del capitalismo y su expansión última en el periodo de crecimiento del sistema fordista al que nos referimos, resultó ser una condición ineludible para el establecimiento de una sociedad en la que el trabajo asalariado tuviera un ordenamiento eficaz y sirviera a los fines de la acumulación capitalista.
La aparición disruptiva de las luchas por el aborto, el control de la natalidad, contra la familia nuclear, por el divorcio o por el llamado "salario doméstico" fueron fruto de ese rechazo radical al trabajo reproductivo no pagado creador de fuerza de trabajo asalariada (o lo que es lo mismo, el trabajo de parir y criar trabajadores para las necesidades de la producción capitalista), poniendo también encima de la mesa muy a pesar de la izquierda organizada, la cuestión siempre obviada del trabajar para qué, cómo y por qué. Este rechazo ha sido por ello conscientemente ocultado por unas organizaciones impregnadas de una lógica servil y sufridora. La "mala madre", la "destroza familias", "la que abortaba sin motivo" "la de les cames sin facer" era plenamente asimilable al obrero saboteador, absentista y rebelde que rompía ritmos de trabajo y robaba herramientas. Una vergüenza para la imagen abnegada de una clase obrera formal y moralmente encuadrada en los límites del sindicato y del partido. El feminismo ha sido visto con recelo por ello siempre por parte de unos y de otras dentro de las organizaciones de la clase obrera, venía a romper una uniformidad basada en el sacrificio, la sumisión, la familia y la iglesia ideológica de la que formaban parte. No tenemos que remontarnos a los "good old times" del partido bolchevique en los años inmediatos a la toma del poder, de Alexandra Kollontai y su pelea perdida por crear una organización autónoma de mujeres dentro del partido, reprimida por los varones revolucionarios. En el periodo al que hacemos referencia de irrupción de este rechazo al trabajo específicamente femenino durante la crisis del modelo fordista, el tratamiento que hicieron del mismo las izquierdas osciló entre la condena más enérgica y el encuadramiento en los esquemas de reducción de la vida al "Birth, school, work, death". La izquierda incorporó ciertas demandas igualitarias de género pero desechando las que suponían una ruptura en el centro reproductivo del sistema capitalista y las que se dirigían al cuestionamiento mismo del patriarcado. De hecho junto a la "moral del trabajador honrado" la posición de poder en el núcleo familiar del "padre que lleva el pan a su casa" era una de las señas de identidad que esta izquierda asumía como propias y que daban al trabajador masculino un status a preservar dentro del sistema de clases donde en su triste realidad no llegaba ser a más que el último mono del circo.
Sin embargo lo que las organizaciones de la izquierda ancladas en un modelo obsoleto de gestión capitalista defendían con más ahínco, es decir la aceptación "solidaria" y "colectiva" de la explotación del trabajo asalariado (sin duda, con sus "ventajas" en cuanto a la seguridad de una vida laboriosa de abnegación con la bandera roja sacada a pasear de vez en cuando) fue desmantelado por el Capital de forma programada.
Si bien en Asturies no tuvimos ni 68 francés, ni 77 italiano, ni a Ulrike Meinhoff ni si quiera a nuestro Argala particular, y no hizo falta un enfrentamiento a esos niveles, en otros territorios de nuestro entorno europeo el Capital echó mano de la izquierda para desarticular y liquidar las expresiones de antagonismo rupturista con el status quo imperante que esa misma izquierda defendía. Luego, a la vez que la subversión era derrotada, de forma inteligente como siempre hace el Capital, terminó también con la composición social y de clase de la que la base de la izquierda formaba parte.
Y así llegó la desestructuración, los despidos masivos, el paro perpetuo, la deslocalización, la precariedad laboral y la individualización que nos llevan a las puertas de la realidad actual y que acabaron tanto con la izquierda como con la realidad social en la que se sustentaba.
Ya analizamos parte de ese proceso en Asturies en otros textos publicados aquí mismo y no es cuestión de repetirse.
El caso es que de repente más o menos la mierda encubierta por la izquierda nos mostró todo su aspecto de forma cruda.
El trabajo se fue además convirtiendo en algo sustancialmente "desvalorizado". El puesto de trabajo no desarrolla en este proceso una identificación personal del trabajador/a con éste como lo hacía en los buenos tiempos. La precariedad y la desregularización salarial unida a la desestructuración productiva en un sinfín de sectores y empresas no atan la conciencia del trabajador/a a su empleo. Por otra parte, no deja de ser menos cierto pese a quién pese, que la movilidad laboral y las largas temporadas en el paro no son un grado mayor de penuria que el permanecer toda la vida en una fábrica repitiendo gestos mecánicos sin mayor objeto que el de proporcionar plusvalía al capitalista de turno. Esta nueva dimensión precaria sin embargo tiene la virtud de mostrarnos de manera más visible el sinsentido de un sistema basado en la irracionalidad de la producción de beneficio para satisfacción de una minoría dominante.
Esa pérdida del "sentido del trabajo" en la conciencia del trabajador/a está determinada también por la misma evolución de la tecnología que permite que el Capital pueda producir cada vez más con menos fuerza de trabajo. Esto no significa ninguna mejora para la clase trabajadora ya que por supuesto el Capital poseedor de esa tecnología no va a compartir solidariamente los beneficios productivos de la misma en una reducción global de las horas de trabajo. Por otra parte el sistema deriva sobre todo al ámbito de la circulación y del sector servicios un montón de fuerza de trabajo con cada vez mayores jornadas y ritmos extenuantes. Ámbitos que se podrían denominar improductivos, en muchos casos manifiestamente inútiles y a todas luces superfluos donde no aparece por ningún lado ningún tipo de racionalidad, ni siquiera en su forma mistificada y donde casi todo se muestra como una estupidez sin remedio.
Es significativo por otra parte el crecimiento numérico de los trabajadores por cuenta propia en Asturies en las últimas décadas, l@s llamadas autónom@s mayoritariamente en el sector servicios. La ideología del "emprendedor" propagada en las últimas décadas por el paradigma "neoliberal" ha tenido también su efecto en una clase obrera desplazada de los sectores industriales tradicionales y que han visto una "oportunidad" en hacerse empresari@ de su propia explotación. La conciencia sobre el trabajo adquiere aqui otra forma completamente distinta de la realidad asalariada. La miseria de la vida del trabajador/a por cuenta propia no es de hecho menor que la del asalariad@, con jornadas laborales extendidas indefinidamente a lo largo del día, y con una generación de renta que en la mayoría de los casos no llega a alcanzar los números que un/a trabajador/a asalariad@ podía llegar a percibir en la industria. L@s trabajadores autónom@s se hayan desplazad@s en la percepción de la realidad de su propia explotación, haciendo imposible dirigir el rechazo a esta situación contra uno mism@ y careciendo además de cualquier tipo de experiencia organizativa colectiva. La individualización que genera este tipo de trabajo en la que el salario es generado por la autoexplotación consciente, considerándose un@ mism@ su propio jefe, deriva en una conciencia que oscila entre el reaccionarismo típico de la clásica "mentalidad del tendero" y la moderna aceptación del emprendimiento personal como generador de impulso económico y tejido social que los neoliberales surgidos al calor de las distintas burbujas financiero/inmobiliarias se encargaron de promover durante todo el ciclo de cambio postindustrial.
En cualquier caso la izquierda en Asturies poco tiene que rascar en estos casos, su concepción y sus estructuras basadas en el sistema de clases de la pasada sociedad industrial le impide penetrar en estos sectores. Si bien Podemos y todo su circuito "cultural" hicieron una labor política de agrupamiento sectario en torno a un supuesto "emprendimiento progresista", que cabalgaba entre una modernidad "concienciada" y el arribismo más típico de los tradicionales pesebres de la representación parlamentaria, la incidencia que tienen aquí es extremadamente marginal sin que hayan concretado tampoco ninguna realidad organizativa destacable al respecto. La lectura que hace este grupo de la izquierda neoreformista, alimentada en parte por los restos de la vieja izquierda, sobre los antagonismos de clase en el panorama del trabajo y de la sociedad postindustrial asturiana tiene su pseudo expresión vacilante y un poco desganada en el medio digital "Nortes". Navegando entre la nostalgia del sindicalismo obsoleto y la promoción de sus mercancías culturales tampoco son capaces de salir de su círculo endogámico ni de levantar la vista de su ombligo, como no podría ser de otra manera en estas circunstancias.
En definitiva, los cambios estructurales en la composición de clase del proletariado asturiano en las últimas décadas han ocurrido con una contestación social ausente, representada testimonialmente por el binomio Podemos/ Corriente Sindical d'Izquierdes que tanto en la política representativa del sistema unos y en la fábrica industrial en decadencia los otros deambulan sin rumbo con el Norte totalmente perdido.
La lucha de fábrica hoy en Asturies.
El espacio reservado al sindicalismo en la sociedad capitalista postindustrial es difícil de encontrarlo, su función de mediación en el conflicto de clase no tiene un lugar definido. Ello es debido principalmente a la percepción consciente que l@s trabajadores tienen tanto de la obsolescencia programada del empleo en el que temporalmente se ubican como de la inutilidad de la actuación sindical que incluso en su versión combativa sólo sirve para mantener una lotería de privilegios en un número cada vez más reducido de trabajadores. Y ninguna de las 2 cosas podemos decir que no sean ciertas.
Hemos explicado pormenorizadamente el papel errático que la Corriente Sindical d'Izquierdes jugó en uno de los últimos conflictos del proletariado industrial en Asturies en el puerto de Xixón.
Otro conflicto que ha supuesto la caída en picado del modelo representado por la CSI en Asturies ha sido la antigua fábrica de amortiguadores Tenneco, Vauste actualmente. Después de haber vendido por parte de su secretario general, trabajador de ésta fábrica, los maravillosos acuerdos que supusieron la venta de la antigua fábrica a una nueva firma, sin haber quemado una sola barricada para ello, y que supuso una reducción "no traumática" de la plantilla, el sindicato se encontró hace unos meses con unos despidos acordados en asamblea y que suponían la reducción de cerca de la mitad del personal en la fábrica. La salvación de la existencia de la fábrica fue presentada en su momento como un triunfo para el cacareado mantenimiento del empleo industrial en Asturies. De éste modo fueron aplaudidos con pasión y alegría políticos de corte rancio y reaccionario y se brindó con champán conjuntamente con todas las fuerzas vivas regionales. Como en una burbuja ajena a la realidad de los archiconocidos funcionamientos tácticos de los capitalistas para desmontar la fuerza obrera que no les resulta rentable, los dirigentes de la Corriente Sindical d'Izquierdes confiaron en promesas, proyectos de contratos, buenas palabras y demás jerga de la politiquería con la que suelen regalar orejas a los trabajadores los farsantes del circo institucional. Evidentemente la experiencia de otros conflictos y luchas de fábrica y sus procesos en el panorama asturiano es ampliamente conocida por tod@s, incluíd@s los representantes sindicales de la CSI. Sin embargo participan de esta farsa para luego quejarse amargamente de las traiciones, los juegos sucios y la situación de mierda en la que se hayan.
Lo cierto es que la falta de una visión de lucha global anticapitalista que va más allá de la defensa de unos puestos de trabajo concretos aleja de manera palpable a estos sindicalistas de evaluar los problemas en su conjunto, entre ellos el de definir autocríticamente el papel que las organizaciones sindicales juegan en toda la monitorización del diseño capitalista.
La defensa de unos puestos de trabajo estables y más o menos bien pagados, una joya dentro del panorama de precariedad generalizada, hace tiempo que sólo obtiene como resultado una deriva corporativa, egoísta y trasmisora de un "sálvese quien pueda" generalizado. La defensa de todo el colectivo mengua paulatinamente en este proceso viciado desde el comienzo. Se empieza afirmando el carácter social del mantenimiento de los puestos de trabajo concretos en la fábrica para ir reduciéndolo paso a paso (alegando siempre un "realismo práctico") a la salvación de sólo una parte privilegiada. Y así los trabajadores son capaces de votar en asamblea el despido de sus compañeros a la vez que reducciones de salario, mayores horas de trabajo y menos derechos. Lo de "o bebemos tod@s o rompemos la barrica" se traduce aquí en una pelea ordenada y dirigida por la conducción sindical para salvar lo salvable aceptando la lógica de la "rentabilidad objetiva" y de la "situación del mercado", siendo capaces para ello de dejar al margen a un buen número de trabajadores.
Así de esta manera l@s trabajadores eventuales ya están fuera de la pelea casi desde el minuto 1, los de las empresas externalizadas también y en general la sociedad a la que se quiere apelar en muchos casos para que solidarice con la lucha también está al margen de la decisión del cómo, y para qué se efectúa ésta lucha y si tenemos alguna posibilidad de participar más allá de defender que un@s poc@s trabajadores consigan mantener su empleo y otr@s se queden fuera.
La pelea de empresa industrial, actividad sobre la que existe un fetichismo exacerbado en toda la izquierda asturiana, y a la que se rinde un culto con altares y sacrificios varios, resulta una y otra vez en la sociedad de clases postindustrial un fracaso absoluto del sentido de lucha colectiva y una apología del egoísmo corporativo y del abandono de la conciencia de clase.
Resulta además un asunto hartamente complicado hoy escenificar socialmente la tragedia de la pérdida de unos puestos de trabajo sólo para un número de trabajadores elegidos de sectores concretos, cuando en la sociedad de la precariedad los despidos, el paro, la dificultad para encontrar medios de subsistencia estables son el pan de cada día, sin que haya ninguna intervención al respecto. A esto hay que unir además una serie cambios de comportamientos en el proletariado postindustrial asturiano donde la "defensa del puesto de trabajo" no existe ya en el acerbo cultural del mismo. Y no es que estén subyugados implícitamente estos comportamientos por el "virus neoliberal", como la izquierda se afana en defender. La realidad de trabajo basura discontinuo en la que se haya una gran parte de este proletariado hace estúpida y hasta contraproducente para sí una defensa del mismo. De esta manera no merece la pena perder tiempo en ningún tipo de actividad sindical de empresa condicionada por la eventualidad del trabajo y la precariedad del mismo. Si acaso, solamente se acude a un asesor laboral o abogad@ para sacar más dinero en el despido. Las reclamaciones dentro del tiempo en el que la trabajadora se haya en la empresa son vistas como algo sin sentido dada la temporalidad del mismo. El conflicto muchas veces se expresa en acciones típicas llevadas individualmente, como los pequeños sabotajes, los robos o la ruptura de ritmos de trabajo que llevan un aprovechamiento personal directo y práctico. No es tampoco una dimensión colectiva y rompe en sí también la tradicional escenificación solidaria del conflicto, pero vistos y aprendidos los resultados de ésta, que no son otros que la salvación de un@s poc@s, dejando al resto tirad@s en la calle, resulta muy complicado oponerla a la lucha individual o al "pasotismo".
El mensaje del sindicalismo aún en su versión combativa no es colectivamente creíble porque en realidad es mentira y no se corresponde con los hechos ocurridos.
Estamos pues ante un asunto de difícil resolución dada la incapacidad manifiesta de l@s supuest@s portadores de esa dimensión colectiva para hacer una autocrítica y para replantear lo que significa su actuación en el panorama laboral actual desde un punto de vista anticapitalista.
No existe ningún discurso, ni siquiera ningún proyecto de discusión al respecto en Asturies. No hace falta más que echar un vistazo a la realidad interna del sindicato paradigma de la "combatividad" obrera asturiana. La dimisión de varios miembros de la ejecutiva de la Corriente Sindical d'Izquierdes en los últimos meses y la profunda crisis abierta por las erráticas y en muchos casos esperpénticas actuaciones de su secretario general ( el dinero gastado en mascarillas con afán publicitario, las pintadas machistas en el conflicto de Vauste, su peculiar mirada sobre la violencia de género y el feminismo o su intención de liberarse) puesto ad hoc por la vieja guardia controladora del sindicato desde la fundación del mismo, nos dan una triste visión del carácter en el que se haya la cuestión social en Asturies.
Capitalismo pandémico
La pandemia, como es evidente a éstas alturas, está acelerando de forma vertiginosa toda la evolución que el capitalismo estaba tomando ya en los últimos años, acentuando aún más el cambio en la composición de clase del proletariado asturiano.
Las posibilidades que todas las contradicciones que la pandemia puso en primer plano sobre la naturaleza y función del sistema, del trabajo, de la vida y de el sentido dañino contra la salud en un plano directo que tiene el mantenimiento de la economía capitalista, cayeron en saco roto. La parálisis que supone el confinamiento dictado por un estado policial permanente y la incertidumbre generalizada no lo es tanto como la inercia del discurrir paralítico de la izquierda asturiana y el nivel de enquistamiento que sufre.
Apareció temporalmente una semi espontaneidad solidaria en la primera fase del confinamiento, donde se intentaron llevar a cabo varios grupos de apoyo mutuo que no terminaron de concretarse en el tiempo y que cayeron como era de esperar en un asistencialismo caritativo promovido sobre todo por el grupo dependiente de la CSI "Paraos y precarios". Una sucursal de éste sindicato que fue abierta tras el 15 M y que posee un banco de alimentos, funcionando de forma poco abierta y horizontal y últimamente con graves y escandalosos problemas debidos en parte a esta opacidad en la que desarrolla su actividad.
La realidad es que no hubo capacidad de respuesta alternativa en el desarrollo de la pandemia. Su impacto ha desconcertado aún más a la izquierda asturiana de lo que estaba. La ausencia de un discurso coherente respecto a la diatriba entre seguir las indicaciones de la dominación capitalista en relación a la "salud" dentro de la realidad de la muerte cotidiana o por el contrario oponer una acción consecuente con una crítica del capital como sistema insalubre y mortífero "per se", han quedado muy en evidencia.
A partir de aquí los pocos conflictos destacables que han tenido lugar en el escenario de los ajustes estructurales económicos que ha traído el confinamiento se han visto condicionados por ésto.
Es de destacar por ejemplo como en la compañía de autobuses Alsa, donde se desarrolló una huelga importante estos meses atrás en la que el uso masivo del sabotaje a los vehículos ha sido muy discutido y ha contado con una campaña en contra de fuertes poderes económicos asturianos. A pesar de la radicalidad de la actuación de los trabajadores que cuentan con una tradición de lucha importante específicamente en el uso del sabotaje, el Comité de empresa, formado también en su mayoría por el sindicato CSI, decidió desconvocar la huelga al contraer Covid alguno de sus miembros, terminando el conflicto sin demasiadas explicaciones.
El papel disolvente del antagonismo de clase que juega el Covid es algo de una evidencia incontestable, sin embargo el desbarajuste existente para establecer vínculos y crear posiciones de fuerza contra la lógica capitalista es algo que viene ya de tiempo atrás y por causas ajenas a la pandemia.
La explotación con conciencia
En este devenir desestructurador caótico y acelerado que la pandemia y las medidas de confinamiento han impuesto en muchos sectores económicos, en la hostelería y el comercio han tenido una incidencia traumática sin paliativos. La hostelería especialmente, un sector que creció de forma espectacular en los últimos años en Asturies y que emplea a más de 20.000 trabajadores asalariad@s ha sido sobre el que más se ha puesto el foco de atención en los últimos meses. El cierre ordenado por el confinamiento ha hecho entrar al sector en una profunda crisis que no tiene vuelta atrás. Si bien en comparación con otros territorios del Estado español la importancia del turismo y el ocio, donde la hostelería desarrolla su actividad, no es tan central y decisiva debido a la situación marginal y poco propicia que Asturies tiene en la economía de este sector, el impacto sufrido y las consecuencias sociales que tiene son de una magnitud palpable.
Por otra parte la hostelería es un sector donde la precariedad y la falta de derechos laborales más básicos campan a sus anchas. También es un terreno abundante en trabajadores autónom@s y pequeños empresarios que contratan esporádicamente personal según las temporadas. En Asturies la patronal del sector OTEA empezó a movilizarse en la segunda parte del confinamiento por las prohibiciones para abrir. Una simbólica parte de pequeños empresarios y autónom@s de la hostelería se organizó bajo las siglas de "Hostelería con conciencia". Para diferenciarse de los empresarios de OTEA ,verdaderas mafias que actúan en el sector y que pedían poder despedir más y mejor aún, estos pequeños propietarios de negocios hosteleros quisieron presentarse con una visión izquierdista del problema. Sin embargo esto no se tradujo en una crítica del modelo de consumo y de ocio que supone el turismo y la hostelería en el capitalismo. Salvo tímidas y en algunos casos muy hipócritas denuncias de la precariedad en la que se hayan sus trabajadores, estos hosteleros tampoco han puesto el foco en lo que significa el montón de horas no reguladas y no pagadas que se realizan para poder competir en la dinámica del sector. Horarios sin fin que afectan tanto a alsalariad@s como a autónom@s. Esta crítica vino más bien por ausencia y omisión de parte de los y las trabajadoras de hostelería que no se movilizaron por la supervivencia de la misma, como hacen otros trabajadores/as de otros sectores cuando está en peligro la supervivencia de los mismos. No se debió esta omisión a la falta de una organización real sindical en la hostelería, de hecho ni siquiera los sindicatos que se arrogan una falsa representación en este ramo mantuvieron una posición pública sobre el tema. La ausencia de las trabajadoras de la hostelería se debe entre otras cosas al hecho palpable de que es tan precario el trabajo y tan desagradable de sufrir que a casi nadie desde la parte obrera se le ocurre defenderlo como modo de vida. Sólo a un grupo de hosteleros que pertenecían al ámbito de la izquierda se les ocurrió hacerlo. Sin embargo lo hacen para defender el trabajo en una "industria", la de la hostelería, que ni siquiera los/as propios/as trabajadores/as se empeñan en defender como viene siendo habitual en las dinámicas de movilización laboral hasta ahora. El paradigma del trabajo mantenido a costa de la nocividad en cuanto a derechos laborales y poder salarial de los y las trabajadoras es sublimado una vez más como modo de vida único y realista. No hay nada de "conciencia" en esta posición, por lo menos nada de una crítica de lo que significa el valor social desde un punto de vista antagonista a la lógica del valor capitalista.
"Hostelería con Conciencia" tiene un recorrido muy corto no obstante, haciéndose visible en alguna movilización y protesta apoyada fundamentalmente por Podemos y algunos restos desperdigados de la antigua izquierda radical más por afinidad personal con algun@s de los hosteler@s afectad@s que por un discurso elaborado al respecto. Por otra parte el tsunami desestructurador que la pandemia está provocando en el sector de la Hostelería y de ocio no va a traer evidentemente nada mejor. Además de que barrerá del mapa un montón de trabajo autónomo, concentrando la producción en la comida a distancia a través de las macrococinas y el reparto a domicilio, donde una vez más el trabajo asalariado tiene su regulación bajo mínimos, las costumbres sociales que el confinamiento ha ido instaurando en la población irán derivando hacia una disminución de la tradicional "sociabilidad" del ocio consumista en la calle que en esta parte de Europa era un signo de distinción respecto al resto.
Desde una posición anticapitalista minoritaria pero durante unos años muy presente, portadora de unos valores alternativos de vida y de relación social, la crítica al modelo de "ocio" que el Capital ofrecía a través de su industria de comercio y hostelería estuvo desarrollada y fue en parte seguida por algunos sectores al margen del sistema. La creación de centros sociales, formas de relación y reunión, espacios de horizontalidad sin la mercancía de por medio, fueron una alternativa que se concretó en la creación también de una cultura antagonista crítica con el "valor trabajo" y el "valor mercancía". Un estilo de vida que rechazaba la realidad de la sociedad mercantil y del trabajo asalariado en la otra cara de la moneda del sistema productivo que es el "ocio" o "tiempo libre". Un "tiempo libre" que era utilizado (como ahora) por el sistema para generar plusvalía en su beneficio además de para extender su dominio ideológico sobre las formas de comportamiento y relación social. Hoy, y más con los cambios operados por la pandemia, el tiempo libre entra dentro del circuito de valorización capitalista directamente a través de mecanismos que llevan mucho tiempo desarrollándose en la era digital. El Capital en su conjunto, es capaz de extraer plusvalor de actividades cotidianas de forma más eficaz a través de las redes sociales y de toda la industria de la realidad virtual que tiene en pie. De esta manera ya no hay espacios de puertas para dentro donde el Capital no entre ni tampoco necesita sacarnos afuera para efectuar su proceso valorizador. Así los actores antes encargados de ello, como parte de los empresarios del ocio, serán eliminados, reconvertidos o proletarizados.
Hacer sin embargo una defensa del mercado capitalista "de antes" frente al nuevo además de que es inútil porque de tod@s es sabido que el desarrollo del Capital no se detiene ni va para atrás sino es a través de su destrucción violenta, nos aleja de la identificación real del problema.
Lo mismo que los nostálgicos del pacto social de la sociedad fordista industrial donde la explotación asalariada estaba supuestamente controlada a través de la mediación entre agentes sociales que la hacían falsamente "sostenible", parece que algunos se empeñan hoy en crear una visión positiva y feliz de los modos de relación de ocio basados en los bares, discotecas y turismo masivo que están abocados a su cierre.
Entrar en la dinámica de la lógica del capitalista sobre lo que es o no rentable y sobre lo que es salvable en base a ayudas para seguir estirando el modo de explotación antiguo frente a los nuevos tiempos, carece de una visión estratégica de clase y está abocado a una pérdida de tiempo para beneficio del Capital.
Lamentar que parte de la devastadora industria hostelera y del entretenimiento se vaya a pique sería igual que llorar porque desaparezca la industria armamentística u otras actividades capitalistas especialmente nocivas.
Superar la inercia cortoplacista del imaginario izquierdista y sindical y que lleva instalada en la formulación de la movilización promovida por éstos sectores se nos plantea aquí como algo a abordar de forma inmediata. Imaginar otra confrontación estratégica que pase por atender antes a la capacidad humana de las personas proletarizadas que a la identidad impuesta por el Capital a través del trabajo asalariado. Para ello es importante recuperar la negación y su fuerza destructora. La negación "sin atender a razones económicas" de las huelgas salvajes o las luchas autónomas, un espíritu "luddita" que siempre estuvo en el corazón del antagonismo de clase y que pone por delante al humano/a antes que al modo de producción y sus razones.
El eco del disturbio
La peor consecuencia del fascismo fue el antifascismo ( Amadeo Bordiga)
El encarcelamiento de Pablo Hasel sirvió como catalizador para que la insatisfacción subyacente en ciertos sectores en Catalunya estallara en violentos disturbios durante varios días. Fuera de Catalunya si bien hubo alguna movilización importante durante los primeros días no tuvieron la dimensión que llegaron a alcanzar en el territorio catalán y sobre todo en Barcelona. Como ya hemos analizado en otro texto el disturbio viene siendo una forma de agregación en la protesta y momento organizativo del antagonismo difuso. En Catalunya además el objetivo de los disturbios se fue ampliando más allá de la policía como principal y más claro culpable del mantenimiento del orden social impuesto para dirigirse a entidades y símbolos del Capital y de su sociedad. De esta forma fueron destrozadas múltiples entidades bancarias, inmobiliarias, saqueadas y rotas tiendas de grandes cadenas del centro comercial barcelonés y hasta el edificio de la bolsa fue objeto de un vistoso ataque que recordaba el clásico del Mayo del 68.
La virulencia y radicalidad de los disturbios causaron un gran impacto mediático y los poderes constituidos se vieron aludidos por el problema. Las fuerzas vivas de la burguesía y pequeña burguesía catalana se reunieron para pedir más mano dura contra los y las antisistema. La falta de un núcleo organizativo identificable por el poder policial para sus propósitos represivos hizo una vez más que se inventaran la fantástica historia de los "anarquistas italianos" ( desde Sacco y Vanzetti ampliamente repetida) y el "intento de homicidio" perpetrado por una chica que roció con un poco de líquido inflamable una furgoneta policial que ni siquiera llegó a arder por completo.
Agotado el impulso de los disturbios el movimiento se diluyó dejando en evidencia también a los organismos antirrepresivos que pretendían encuadrar las protestas. El antifascismo una vez más fue utilizado como abstracción ideológica para intentar dar cuerpo a las protestas, sin embargo los izquierdistas que sacan a pasear el fantasma comprenden menos la naturaleza del estallido social que los empresarios catalanes que han sabido ver su componente intrínseco anticapitalista. Más allá de la "libertad de expresión" o de la "falta de democracia", lo cual a estas alturas es la cotidianidad en un capitalismo pandémico con un estado policial permanente (más allá de las condiciones políticas propias españolas), lo que viene a expresar la acción enérgica de los destrozos es una enmienda a la totalidad de una sociedad capitalista postindustrial y apocalíptica.
El antifascismo que da mucho juego en el Estado español debido a una estructura ideológica e institucional democrática no rupturista con el régimen franquista, y también a los nuevos y emergentes actores del populismo de extrema derecha, se expresa como es habitual a brochazo gordo. Especialmente activo en la virtualidad de las redes sociales "el combate antifascista" encuentra su mayor goce en la difusión de memes, fotos subtituladas y frases cortas cuya facilidad de comprensión sean iguales a su inutilidad para comprender.
De cualquier manera todo esto es parte de lo anteriormente comentado respecto a la decadencia de una izquierda que aún en su visión radical es incapaz de entender la dinámica de lo que se le está viniendo encima.
En Asturies el eco del disturbio catalán fue mucho más lejano que en cualquier parte del Estado español. El organismo antirrepresivo existente en Asturies se abstuvo de convocar nada durante la primera y más caliente semana de los disturbios pese a que mantenía una campaña a favor de Pablo Hassel desde hacía tiempo. Sin duda la dinámica dependiente de este organismo respecto a la Corriente Sindical d'Izquierdes fue la que provocó la ausencia de movilización durante ésta primera semana. La CSI a través de su cúpula dirigente una vez más intenta establecer el control de la protesta (en este caso muy frágil) para que no se vaya de mano. Posteriormente y una vez que los disturbios se fueron calmando, se convocó alguna concentración con muy poco seguimiento.
De éste modo Asturies permaneció ajena al ciclo de protestas más importante en los últimos años lo cual nos puede dar una visión del mísero y enquistado activismo social que posee.
Un posible espejo
La dificultad de enfrentar y analizar los cambios que en la composición de clase provoca la pandemia además de evaluar las posibilidades de organizar el antagonismo en formas distintas y claves diferentes a las tradicionales de la izquierda, es algo que debería ser la primera tarea en Asturies.
La fragmentación difusa de la estratificación de clase y la supresión del trabajo como aglutinador de esa homogeneidad del proletariado como sujeto tienen que hacer variar la intervención política en la lucha de clase o por el contrario conformarse con el ostracismo marginal.
La necesidad de unos medios de subsistencia inmediatos en la vida diaria para la población proletarizada es algo que está fuera de la posesión o no de un trabajo asalariado. La aparición en un tiempo cada vez más indefinido de una población superflua que va más allá del tradicional "ejército de reserva" que suponía el paro para los capitalistas, es un hecho que hay que tener en cuenta desde una perspectiva antagonista. El Capital ha dispuesto antes la desaparición del "valor trabajo" de lo que lo ha logrado hacer el proletariado. La intervención subjetiva sobre las necesidades del proletariado se tiene que empezar a hacer teniendo en cuenta este factor fundamental. Sin duda lo que más dificultad ha traído siempre para todos los movimientos antagonistas de clase ha sido la autosupresión de la condición proletaria, es decir de la cadena que tanto física como mentalmente ata al ser humano con el orden productivo del Capital. En el proceso capitalista actual la cadena ha sido liberada por el propio capitalismo en una confusión reestructuradora ante la cual el futuro se nos muestra incierto. El trabajo se nos aparece ajeno y poco probable y el orden productivo que lo genera cada vez menos racional y seguro. Esta es una oportunidad más que un problema para darle la vuelta, invertirlo y hacer del rechazo al trabajo nuevamente un punto de vista proletario y a favor de la humanidad.
Fuera de Asturies, han salido tanto en Catalunya como en Euskal Herria o Canarias, sindicatos de inquilin@s que en nada se parecen a una burocracia sindical y actúan sobre el terreno social de la urgente necesidad de casa para la gente. Desde la autoorganización activan una lucha concreta de clase contra la dinámica del mercado capitalista.
También resultan muy interesantes las redes que se han constituido en Euskal Herria alrededor de la organización GSK, que desde una perspectiva autónoma y fuera de los márgenes tradicionales de la expresión partido/sindicato inciden en diversos campos como la vivienda, la autodefensa laboral, la educación, el feminismo o la realidad represiva de la dictadura capitalista globalizando la acción política a través de la lucha concreta.
Está por hacer también una intervención sobre la cacareada renta básica, exigiendo no caridad, sino que nos paguen lo que es nuestro por ser productores de valor en todas las relaciones cotidianas de las cuales el Capital extrae beneficio.
En Asturies mientras no se haga tabla rasa de las dinámicas organizativas que hasta ahora condujeron el triste caminar del conflicto social actual, seguiremos cayendo en los mismos errores y las mismas inercias que han llevado a esta tierra a ser un páramo aislado sin ninguna perspectiva ilusionante para el presente y el futuro más cercano.
Bibliografía a vuela pluma.
Capitalismo patológico. Corsino Vela. Cambalache 2021
Crisis de la clase media y posfordismo. Sergio Bologna. Akal
Dinero, perlas y flores en la reproducción feminista. Mariarossa Dalla Costa. Akal
Democracia totalitaria. Joao Bernardo. Ed. Marat
Crisis de la Ley del Valor. Carlo Vercellone. Teoría del valor, comunicación y territorio. Siglo XXI

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