El capital es él mismo contradicción del proceso, por el hecho de que tiende a reducir el tiempo de trabajo a un mínimo, en tanto del otro lado pone el tiempo de trabajo como única medida de fuente de riqueza. El disminuye, por lo tanto, el tiempo de trabajo en la forma de trabajo superfluo; haciendo por lo tanto del tiempo de trabajo superfluo (en medida creciente) una condición question de vie et mort si fuese necesario. De un lado él evoca todas las ciencias de la naturaleza, bien como de las condiciones sociales y de las relaciones sociales, con la finalidad de tomar la creación de la riqueza (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Por otra parte, pretende medir las gigantescas fuerzas sociales así creadas por medio del patrón del tiempo de trabajo y la aprisiona en los límites que son necesarios para conservar como valor los valores ya creados.
Las fuerzas productivas y las relaciones sociales (ambas siendo aspectos del desenvolvimiento social)
figuran para el capital solamente como medios y son por ello solamente medios para producir sobre su base limitada. Mas en la realidad, ellas son las condiciones para hacer explotar esa base (Marx Gundrisse.. 401-402).
La caída de la tasa de ganancia que ya en los primeros 70 era muy patente para el Capital, fue causa de la reestructuración del tejido productivo y condujo a una desterritorialización del mismo. Además conllevó una inversión en capital fijo que redujo la necesidad de trabajo vivo (fuerza de trabajo),es decir una automatización incipiente en todos los procesos productivos que rompió también el poder proletario acumulado por la lucha masiva en las fábricas. Esto apareció acompañado por una profunda socialización de la relación capitalista que ya había empezado en los 60. La valorización de territorios y colectivos sociales antes mantenidos en los márgenes de la sociedad del Capital, tuvo también sus correspondientes luchas de ruptura. Las mujeres, las "minorías" étnicas y sexuales, l@s pres@s, l@s margind@s en general estallaron en conflicto y metían el dedo en la llaga de un sistema que los consideraba ya sujetos valorizables, es decir susceptibles de ser comprados y vendidos, pero sin el correspondiente reconocimiento formal sobre el papel en el ámbito del derecho político/jurídico legal.
El mando capitalista se las vio y se las deseó para lidiar con todas sus contradicciones durante estos años pero consiguió frenar la consecución de un proyecto revolucionario en la práctica. Lo hizo utilizando el terror, su aparato represivo, pero sobre todo en el centro del dominio capitalista, es decir en Occidente, lo hizo también con el consenso democrático. Utilizando institucionalmente a partidos y sindicatos para finiquitar luchas, aislar comportamientos social y políticamente antagonistas, y crear un compromiso (que en Italia se llamó "histórico") entre las fuerzas políticas representativas tradicionalmente del Capital y las que se suponía lo eran de la clase obrera ( Partidos comunista y socialista y sindicatos). Los casos paradigmáticos de Italia, Francia y el Estado español en sus especificidades cada uno son buenos ejemplos de ésta maniobra.
La reestructuración del tejido productivo fue caminando también hacia una terciarización de la economía, por una parte se disminuía el trabajo vivo en la producción de tipo industrial pero por otra aumentó en lo "social". Es decir la producción material cuantificable base de la expansión capitalista hasta entonces y verdadero sostén estructural del sistema iba difuminándose necesitando proporcionalmente menos horas de trabajo y el sector terciario mucho más abstracto que el industrial iba creciendo y engordando empleando para ello una mano de obra que en números era relativamente menor y que tampoco era capaz de absorber todo el montante sobrante. El trabajo también se volvía cada vez más inmaterial, los procesos de cuantificación del trabajo socialmente necesario se dificultaban, se hicieron menos materiales. La ley del valor entra en crisis. La ley del valor que descubrió Marx en El Capital fijaba una racionalidad en el funcionamiento del sistema capitalista, una base rectora del mismo a través del tiempo de trabajo necesario para producir y medir su coste. La contradicción que llega a su fin irresoluble en la lógica capitalista es que el Capital tiende inevitablemente a invertir en mayor producción con menos tiempo de trabajo. Esto además de crear una sobreproducción con mercancías de menos valor (es decir también provoca la caída de la tasa de beneficio) en un momento dado nos lleva a que debido a la tecnología que propicia la robotización, la automatización extensiva y a la digitalización de los procesos productivos, el trabajo no sea ya una medida de valor efectiva para el Capital. El trabajo, fundamento del capitalismo ya no lo es más.
A la terciarización de la economía capitalista se le unió progresivamente un crecimiento del sector financiero propiciado a través de una gran ingeniería institucional de los Estados occidentales, lo que se fue transformando en la norma de funcionamiento del sistema en el nuevo modelo que se hace llamar "neoliberal". Este modelo que se establece una vez derrotada la ofensiva obrera de los 70 y agotado el capitalismo fordista con políticas keynesianistas puesto en marcha tras la Segunda Guerra Mundial, es el que colapsa en 2008. Un modelo caracterizado por unas profundas transformaciones en la composición de la clase obrera. La socialización capitalista es ya total y la clase obrera ya no es más aquella que hundía su identidad en las tradiciones del movimiento obrero. El rechazo al trabajo, fundamento de la lucha obrera colectiva en el capitalismo fordista, que mantenía una pulsión creciente hacia más salario y menos trabajo se diluye en una estratificación de clase muy atomizada, con modos de comportamiento tendentes a la individualización, disolviendo la unidad de clase no sólo materialmente sino también como consciencia de sí misma. La lucha solidaria contra las distinciones salariales y de categorías en las fábricas que se fue ganando en todo el ciclo de lucha de los 70 desaparece. Se incrusta la segmentación y se dividen los intereses conformándose cada vez más una cultura corporativa de sector, antigüedad y categoría. Además se instaura una deslocalización que dejaba tanto a los países de la periferia imperialista como a imperialismos emergentes como China una gran parte de la producción industrial que antes se hacía en el centro imperialista, realizada aquí fundamentalmente con mano de obra barata controlada a través de la lucha por la pura supervivencia vital y por medio del terror estatal .
En los países imperialistas se va creando un proletariado divido superficial pero eficazmente en intereses contradictorios, con una parte minoritaria pero altamente significativa de "rich workers" de salarios altos y mentalidad ultra- individualista provenientes de sectores de gestión bancaria y de la esfera financiera, otro sector más o menos formal de empleos cualificados en sectores tradicionales de la automoción, la industria y el sector público y otra masa de trabajadores/as precari@s navegando entre la economía sumergida, la economía del ocio, el consumo masivo y el turismo (especialmente en el sur de Europa) a los que hay que unir sectores productivos difusos y variables, con un flujo migratorio transnacional masivo que permite también cubrir puestos de bajísima remuneración y con un ejército de reserva permanente en las listas del paro que aunque también es variable según la temporada y los países, asegura la imposibilidad de facto de un camino de lucha colectiva en el ámbito estrictamente laboral.
El desmantelamiento del llamado "Estado del bienestar" con la privatización de gran parte del edificio asistencial estatal construido a partir de los 50 es suplido con una serie de políticas estructurales donde se capitaliza la economía de las llamadas familias. Planes personales de pensiones, hipotecas inmobiliarias, planes privados e individuales de empleo, fomento del "trabajo autónomo" a través de hipotecas bancarias, son un negocio que durante esos años ( alrededor del 2000) experimenta una creciente importancia que permite por una parte seguir y expandir el ciclo de acumulación capitalista y por otra cubrir momentánea y artificialmente las necesidades y el nivel de vida de gran parte de la población obrera. Esto también impone nuevos comportamientos y una nueva manera de verse y sentirse socialmente.
Sin embargo cuando esta burbuja económico-financiera colapsa en el 2008 tras una década de paz social, la rápida caída en la miseria de grandes capas de la clase obrera que antes se pensaban así mismas como "clase media" hizo que éste modelo de "concertación social" entrara también en crisis. En estas circunstancias, el conflicto no estalló en torno a lugares concretos del tejido productivo sino que lo hizo en las calles y plazas, espacios físicos de la socialización capitalista. Y no lo hizo tampoco tomando como referente ningún tipo de organización mediadora institucional. L@s proletari@s ya raramente se sienten identificad@s en su trabajo con una larga historia de luchas de clase y de hecho encuentran mayor sentido de comunidad fuera del mismo que en él. El capitalismo convirtió la sociedad entera en una fábrica de la que saca beneficio y es por tanto consustancial a ello que sea en los lugares comunes de esa sociedad donde estalle el conflicto. No se trata pues que la realidad de clase haya desaparecido como muchos economistas se empeñaran en demostrar, sino que las formas de agregación y comunidad de la misma se han ido transmutando con las reestructuraciones del tejido productivo. Un nuevo modelo productivo lleva consigo una nueva composición de clase y esto genera comportamientos distintos en la lucha de clases.
Los movimientos surgidos en calles y plazas a nivel mundial tuvieron diferentes causas detonantes y también diferentes soluciones liquidadoras de los mismos pero amalgamaron puntos comunes muy importantes donde el conflicto de clase tuvo expresiones de una simetría que no podemos obviar.
Las movilizaciones ponían de manifiesto el descontento de una supuesta clase media, es decir una clase obrera integrada hasta entonces en el "contrato social" y que veía como su nivel de vida que se depauperaba tras el colapso financiero, que no aceptaba la realidad de una increíble dificultad a la que era sometida para pagar una vivienda, acceder a servicios básicos de sanidad o para encontrar empleos formales bien remunerados. También ponía en cuestión los edificios institucionales que regían los territorios en los que se encontraba situada, ya fueran más o menos dictatoriales o más o menos democráticos. La idea fundamental de que el sistema político estaba "corrupto" y al margen de la situación real que sufría el "pueblo" era también un hilo conductor que iba desde Egipto hasta el Estado español.
Eran movimientos antagonistas de raíz de clase que por otra parte no acertaron a elaborar un discurso específicamente anticapitalista ni tuvieron ningún programa en este sentido, quedándose en consignas populistas que fueron en algunos casos integradas en la formación de opciones políticas de participación institucional. A pesar de esa falta de discurso y de que no reconociera como referente las luchas de clase que emergieron de forma autónoma en otros momentos históricos y que desarrollaron un espacio antagonista anticapitalista entre la socialdemocracia y el stalinismo clásico, éstos movimientos marcaron no obstante su desarrollo organizativo de forma horizontal, asambleario y con una desconfianza práctica hacia cualquier tipo de partido o sindicato. Sin líderes ni cabezas visibles el movimiento en sí hizo un análisis totalmente realista de las formas políticas institucionales, poniendo en cuestión la farsa democrática y su dependencia de los poderes económicos dominantes.
Hay que distinguir además de forma clara el comportamiento de estos movimientos en la periferia, sobre todo en el mundo árabe y en Europa y USA. En el mundo árabe a pesar de tener esa raíz de clase similar a los de Europa y USA ( teniendo en cuenta todas las diferencias culturales y sociológicas) estos movimientos tuvieron un desarrollo de confrontación violenta con el Estado que terminó con consecuencias dispares según el territorio pero muy cruentas en cualquier caso, aprovechando la ocasión las potencias imperialistas para intervenir, desestabilizar los objetivos de la protesta y derivarlos hacia distintos tipos de opciones islamistas muy presentes y con raigambre histórica en la zona. Esto tuvo unos resultados catastróficos como ya conocemos en Siria o Libia y que sirvieron a estos imperialistas para resolver la situación favorablemente a sus intereses económicos y geoestratégicos.
En el terreno que más cercanamente nos ocupa y sobre el que queremos centrarnos, en Europa, USA, y más concretamente el Estado español, estos movimientos no tuvieron una respuesta represiva por parte del Estado. De hecho el corpus de este movimiento formado por como decimos una clase obrera nueva, asentada hasta entonces en un "contrato social" que le auguraba un lugar en el sistema, tuvo un desarrollo "testimonial", rehuyendo el enfrentamiento directo y sin ningún vínculo con la tradición de revuelta de la clase obrera histórica o de los estudiantes y proletari@s al margen del sistema que desde los 60/70 protagonizaron todo el ciclo semiinsurreccional en Europa y USA.
El descontento social y el desafecto a las instituciones del sistema fue un impás conflictivo dentro de una clase a la que le resultaba en si difícil reconocerse ya como tal ,donde el punto de vista sectario y clasista (en su sentido positivo y antagonista) se hallaba desarticulado y desgajado de la memoria colectiva fruto de los profundos cambios de la que internamente fue objeto. Por otra parte los tiempos en los que una vanguardia externa al movimiento era capaz, ya sea en su sentido bolchevique o anarquista, de recomponer los objetivos colectivos de clase como proyecto independiente y autónomo enfrentado al Capital están ampliamente superados desde hace mucho tiempo . Además como es obvio tampoco existía ningún tipo de "vanguardia" ni se podía pretender que existiera en ese sentido porque de hecho ya no tiene razón ni posibilidad de ser en la composición de clase del momento. La mayoría de los restos de la antigua extrema izquierda, con sus concepciones totalmente obsoletas de análisis de clase, no tuvieron ningún papel en el movimiento.
Así tras un ciclo de movilizaciones más o menos extensas el movimiento fue reconducido estratégicamente por parte de sectores ávidos y ambiciosos de una participación institucional clásica a ser una expresión política más en la gestión formal de la vida parlamentaria en la democracia capitalista (en esto si jugó por contra un papel destacado una parte sustancial de militancia de la antigua izquierda radical). Esto ayudó en cierta manera a reconducir el camino de la paz social emprendido en el modelo colapsado de gestión "neoliberal" donde el principio fundamental de su funcionamiento para mantener el orden social, era la destrucción de la subjetividad de clase como proyecto separado (es decir la recomposición de la comunidad proletaria antagonista), siendo cualquier intento en este sentido intervenido y desestructurado desde su base.
El escenario que sigue a la crisis del 2008 es la preparación de un nuevo modelo en donde el Capital establece de forma totalmente abierta su dictadura. Una dictadura "aceptada" como inevitable por todo el discurso político existente de izquierda a derecha. El desarrollo capitalista hacia un mundo donde el trabajo deja de ser ya el punto central del mismo, lleva a que la existencia del Capital en sí no se sustente en ninguna racionalidad económica de ningún tipo. Sólo es dominio y mando. La organización social del trabajo ordenada por el Capital es un capricho violento de los capitalistas para mantenerse en la cúspide.
El conocimiento, verdadero motor del cambio de modelo, una fuerza de trabajo difícil en sí misma de medir ya que crece en su potencia y también en su productividad a través de la cooperación y la red, no es por otra parte menos esclava de la relación capitalista pese que a priori se presente con una cierta autonomía respecto a la relación de explotación y con una capacidad productiva no asimilada a la ecuación tiempo de trabajo. Sin embargo los procesos de control del mando capitalista han evolucionado mucho en este sentido y son capaces de recomponer su hegemonía a través de diferentes y múltiples maniobras que intentan desbaratar esa independencia y limar todas las fricciones que genera en el funcionamiento del sistema. .
Una nueva industria se desarrolla con esta fuerza de trabajo en múltiples direcciones y que abarca muchos aspectos que tienen que ver con la vida cotidiana más intima, donde también se convierte en producción capitalista acciones que anteriormente eran solo momentos de la esfera privada como escuchar música, hablar con los amigos o ligar por poner unos ejemplos.
Esta totalidad capitalista en todos los niveles echa fuera de la esfera pública (la única que existe) cualquier tipo de negación ante su poder omnipresente. Izquierda y derecha hablan el mismo lenguaje: si algo existe es porque es valorizable. De hecho el único derecho a existir que tanto la izquierda o la derecha del Capital confieren al ser humano es su capacidad de ser transformado en valor, es decir transformado en beneficio para el Capital.
El agotamiento del "modelo neoliberal" (un modelo de transición por otra parte) desemboca en la crisis provocada por el Coronavirus como un rio buscando el mar. La aceleración en profundidad de unas medidas de reestructuración productiva y laboral que ya venían implementándose y el disciplinamiento social puesto en marcha por medio de una dictadura incuestionable marcan el comienzo por fin del nuevo modelo.
ENCIERRO
Evidentemente no vamos a entrar a considerar aquí ninguna teoría conspirativa relativa al origen del virus ni a la dramática realidad del mismo. Está bastante claro la situación sanitaria que provoca y la dificultad para enfrentar el problema pero desde nuestro punto de vista de clase, antagonista, cerril a posta y sin complejos sectario, no nos vamos a dejar vencer por la lógica del Capital ni por la palabrería institucional.
Much@s pensaron al principio que el virus era "anticapitalista" es decir, que la situación que provocaba era un incordio para los intereses del Capital. Una oportunidad para cambiar la tendencia en el pensamiento colectivo subsumido en la lógica capitalista. Much@s incluso vieron en el encierro una actividad anti-económica, en su sentido positivo, aquello de "poner la vida en el centro".
Lejos está el encierro ordenado por el poder capitalista de ser un ataque contra él mismo, sea éste encierro más o menos duro o más o menos blando según los territorios. De hecho, el disciplinamiento y el encierro nacen como ingeniería social en los albores del Capitalismo. Cercados, cerramientos, acotamiento de espacios abiertos, fábricas, ordenamiento urbano, cárceles... todo nace y se desarrolla a través de la expansión capitalista.
Es curioso como Foucault en su clásico "Vigilar y Castigar" recupera un documento del SXVIII cuando las ideas de Bentham y de toda su arquitectura disciplinaria utilitarista empezaban a conformar parte del edificio ideológico de la burguesía tras la revolución francesa. En él para el tratamiento social de la peste, paradigma del contagio de los cuerpos que se mezclan, se ponían esquemas definidos de la utopía de control y ordenamiento perfecto que el poder instituido diseñaba:
En primer lugar, una estricta división espacial: cierre, naturalmente, de la ciudad y del "terruño",
prohibición de salir de la zona bajo pena de la vida, sacrificio de todos los animales errantes; división de la ciudad en secciones distintas en las que se establece el poder de un intendente. Cada calle queda bajo la autoridad de un síndico, que la vigila; si la abandonara, sería castigado con la muerte. El día designado, se ordena a cada cual que se encierre en su casa, con la prohibición de salir de ella so pena de la vida. El síndico cierra en persona, por el exterior, la puerta de cada casa, y se lleva la llave, que entrega al intendente de sección; éste la conserva hasta el término de la cuarentena. Cada familia habrá hecho sus provisiones; pero por lo que respecta al vino y al pan, se habrá dispuesto entre la calle y el interior de las casas unos pequeños canales de madera, por los cuales se hace llegar a cada cual su ración, sin que haya comunicación entre los proveedores y los habitantes; en cuanto a la carne, el pescado y las hierbas, se utilizan poleas y cestas. Cuando es preciso en absoluto salir de las casas, se hace por turno, y evitando todo encuentro. No circulan por las calles más que los intendentes, los síndicos, los soldados de la guardia, y también entre las casas infectadas, de un cadáver a otro, los "cuervos", que es indiferente abandonar a la muerte. Son éstos "gentes de poca monta, que trasportan a los enfermos, entierran a los muertos, limpian y hacen muchos oficios viles y abyectos". Espacio recortado, inmóvil, petrificado. Cada cual está pegado a su puesto. Y si se mueve, le va en ello la vida, contagio o castigo.
prohibición de salir de la zona bajo pena de la vida, sacrificio de todos los animales errantes; división de la ciudad en secciones distintas en las que se establece el poder de un intendente. Cada calle queda bajo la autoridad de un síndico, que la vigila; si la abandonara, sería castigado con la muerte. El día designado, se ordena a cada cual que se encierre en su casa, con la prohibición de salir de ella so pena de la vida. El síndico cierra en persona, por el exterior, la puerta de cada casa, y se lleva la llave, que entrega al intendente de sección; éste la conserva hasta el término de la cuarentena. Cada familia habrá hecho sus provisiones; pero por lo que respecta al vino y al pan, se habrá dispuesto entre la calle y el interior de las casas unos pequeños canales de madera, por los cuales se hace llegar a cada cual su ración, sin que haya comunicación entre los proveedores y los habitantes; en cuanto a la carne, el pescado y las hierbas, se utilizan poleas y cestas. Cuando es preciso en absoluto salir de las casas, se hace por turno, y evitando todo encuentro. No circulan por las calles más que los intendentes, los síndicos, los soldados de la guardia, y también entre las casas infectadas, de un cadáver a otro, los "cuervos", que es indiferente abandonar a la muerte. Son éstos "gentes de poca monta, que trasportan a los enfermos, entierran a los muertos, limpian y hacen muchos oficios viles y abyectos". Espacio recortado, inmóvil, petrificado. Cada cual está pegado a su puesto. Y si se mueve, le va en ello la vida, contagio o castigo.
La inspección funciona sin cesar. La mirada está por doquier en movimiento: "Un cuerpo de milicia considerable, mandado por buenos oficiales y gentes de bien", cuerpos de guardia en las puertas, en el ayuntamiento y en todas las secciones para que la obediencia del pueblo sea más rápida y la autoridad de los magistrados más absoluta, "así como para vigilar todos los desórdenes, latrocinios y saqueos". En las puertas, puestos de vigilancia; al extremo de cada calle, centinelas. Todos los días, el intendente recorre la sección que tiene a su cargo, se entera de si los síndicos cumplen su misión, si los vecinos tienen de qué quejarse; "vigilan sus actos". Todos los días también, pasa el síndico por la calle de que es responsable; se detiene delante de cada casa; hace que se asomen todos los vecinos a las ventanas (los que viven del lado del patio tienen asignada una ventana que da a la calle a la que ningún otro puede asomarse); llama a cada cual por su nombre; se informa del estado de todos, uno por uno, "en lo cual los vecinos estarán obligados a decir la verdad bajo pena de la vida"; si alguno no se presenta en la ventana, el síndico debe preguntar el motivo; "así descubrirá fácilmente si se ocultan muertos o enfermos". Cada cual encerrado en su jaula, cada cual asomándose a su ventana, respondiendo al ser nombrado y mostrándose cuando se le llama, es la gran revista de los vivos y de los muertos.
Esta vigilancia se apoya en un sistema de registro permanente: informes de los síndicos a los intendentes, de los intendentes a los regidores o al alcalde. Al comienzo del "encierro", se establece, uno por uno, el papel de todos los vecinos presentes en la ciudad; se consigna "el nombre, la edad, el sexo, sin excepción de condición"; un ejemplar para el intendente de la sección, otro para la oficina del ayuntamiento, otro más para que el síndico pueda pasar la lista diaria. De todo lo que se advierte en el curso de las visitas (muertes, enfermedades, reclamaciones, irregularidades) se toma nota, que se trasmite a los intendentes y a los magistrados. Éstos tienen autoridad sobre los cuidados médicos; han designado un médico responsable, y ningún otro puede atender enfermos, ningún boticario preparar medicamentos, ningún confesor visitar a un enfermo, sin haber recibido de él un billete escrito "para impedir que se oculte y trate, a escondidas de los magistrados, a enfermos contagiosos". El registro de lo patológico debe ser constante y centralizado. La relación de cada cual con su enfermedad y su muerte pasa por las instancias del poder, el registro a que éstas la someten y las decisiones que toman.
Cinco o seis días después del comienzo de la cuarentena, se procede a la purificación de las casas, una por una. Se hace salir a todos los habitantes; en cada aposento se levantan o suspenden "los muebles y los objetos"; se esparce perfume, que se hace arder, tras de haber tapado cuidadosamente las ventanas, las puertas y hasta los agujeros de las cerraduras, llenándolos con cera. Por último, se cierra la casa entera mientras se consume el perfume; como a la entrada, se registra a los perfumistas, "en presencia de los vecinos de la casa, para ver si al salir llevan sobre sí alguna cosa que no tuvieran al entrar". Cuatro horas después, los habitantes de la casa pueden volver a ocuparla. " (Michael Foucault Vigilar y castigar sobre el documento Archives militaires de Vincennes finales del SXVIII)
Esta vigilancia se apoya en un sistema de registro permanente: informes de los síndicos a los intendentes, de los intendentes a los regidores o al alcalde. Al comienzo del "encierro", se establece, uno por uno, el papel de todos los vecinos presentes en la ciudad; se consigna "el nombre, la edad, el sexo, sin excepción de condición"; un ejemplar para el intendente de la sección, otro para la oficina del ayuntamiento, otro más para que el síndico pueda pasar la lista diaria. De todo lo que se advierte en el curso de las visitas (muertes, enfermedades, reclamaciones, irregularidades) se toma nota, que se trasmite a los intendentes y a los magistrados. Éstos tienen autoridad sobre los cuidados médicos; han designado un médico responsable, y ningún otro puede atender enfermos, ningún boticario preparar medicamentos, ningún confesor visitar a un enfermo, sin haber recibido de él un billete escrito "para impedir que se oculte y trate, a escondidas de los magistrados, a enfermos contagiosos". El registro de lo patológico debe ser constante y centralizado. La relación de cada cual con su enfermedad y su muerte pasa por las instancias del poder, el registro a que éstas la someten y las decisiones que toman.
Cinco o seis días después del comienzo de la cuarentena, se procede a la purificación de las casas, una por una. Se hace salir a todos los habitantes; en cada aposento se levantan o suspenden "los muebles y los objetos"; se esparce perfume, que se hace arder, tras de haber tapado cuidadosamente las ventanas, las puertas y hasta los agujeros de las cerraduras, llenándolos con cera. Por último, se cierra la casa entera mientras se consume el perfume; como a la entrada, se registra a los perfumistas, "en presencia de los vecinos de la casa, para ver si al salir llevan sobre sí alguna cosa que no tuvieran al entrar". Cuatro horas después, los habitantes de la casa pueden volver a ocuparla. " (Michael Foucault Vigilar y castigar sobre el documento Archives militaires de Vincennes finales del SXVIII)
Sorprenden las similitudes con las medidas impuestas en la pandemia, lo que de cualquier manera si es cierto es que el Capital no tuvo que hacer nada nuevo . De hecho tras el colapso del 2008 el control, el encierro y el acotamiento vital de la población estaban creciendo a marchas forzadas. Sabemos que la lucha de clases provoca y acelera cambios en el desarrollo capitalista, tanto en el tejido productivo como en su saber estratégico de control y dominio. El Capital sabía que la revuelta urbana era el próximo terreno de confrontación. Es curioso (más allá del 11-S) como el desarrollo de control por cámaras de vigilancia fue in crescendo en todas partes y lugares en el SXXI, como el avance urbanístico siguió también desalojando del centro los últimos restos de población proletaria que quedaban, administrándolos en barrios periféricos, lejos de áreas comerciales y financieras y de las zonas de explotación turística.
El espacio físico urbano es el terreno de guerra social reconocido para el sistema capitalista y para las nuevas formas de subjetividad proletaria. Las enseñanzas de los movimientos de ocupación de plazas dieron también sus frutos para el mando capitalista. El control de internet que intensifican en estos tiempos pandémicos de forma descarada y abierta viene ocupando gran parte de la labor policial antiinsurgente desde el principio de la década del 10. La utilización de la red digital para compartir subversión y antagonismo es uno de los puntos en los que el sistema se esfuerza más por combatir.
La revuelta reciente de Chile, el movimiento de los chalecos amarillos en Francia, incluso la revuelta contra la ocupación policial en Catalunya con los sucesos de Urquianona nos mostraron como el Disturbio, es la forma de agregación comunitaria antagonista propia de la composición de clase actual. El disturbio representa romper el orden compuesto no sólo por policías antidisturbios, cámaras de seguridad, vallas y prohibiciones, sino también por demócratas, pacifistas fanátic@s y militantes con programas mínimos, sensatos y razonables, en definitiva el disturbio tiene un carácter que transgrede y rompe la sumisión a la estructura de ordenamiento espacial, ideológico y de valores construida por la sociedad del Capital.
LA REESTRUCTURACION ACELERADA
Todos los cambios que estábamos viendo antes de la pandemia en los sistemas de trabajo, en las continuas variaciones sobre el tejido productivo que generaba la aplicación de las nuevas tecnologías se han acelerado aquí y ahora como una apisonadora construida por Ferrari. La imposición a toda marcha del teletrabajo con todo lo que implica a priori en el control de la fuerza de trabajo y de su individualización (además de la reducción de gastos para la empresa que se trasladan al/a trabajador/a, lo que supone un ataque patronal indirecto al salario) y la destrucción de sectores de la industria del ocio, los viajes y el comercio que se habían inflado al calor de la burbuja financiera inmobiliaria aparecen con el virus como hechos que no tienen vuelta atrás. Evidentemente no vamos a llorar por la muerte de parte del sector hostelero, del turismo o del comercio como hacen algunas plañideras de la izquierda del Capital. Precisamente esos sectores son una fuente inagotable de trabajo basura, precariedad, explotación y destrucción del medio, a la par que correa de transmisión inagotable de la lógica capitalista en el cuerpo obrero como así hace el "trabajo autónomo", muy abundante también en estos sectores.
Mucho menos vamos a consolar a unos patronos ahora que se ven en la ruina, por muy pequeños que sean, que durante toda su vida se comportaron como aves rapaces.
No obstante ésta proletarización acelerada tendente a la miseria, de una burbuja "semi empresarial" o "semi obrera" no está ni estará obviamente exenta de un sufrimiento bastante alto y muy repartido en lo social entre muchas y diferentes personas.
Las consecuencias que por otra parte el teletrabajo tendrá sobre el antagonismo obrero están todavía por ver. Si es cierto que las posibilidades empresariales son muchas en el abaratamiento de la mano de obra, dado que entre otras cosas se abre la posibilidad material de contratar fuerza de trabajo en cualquier lugar del mundo donde los salarios sean más baratos sin que esa fuerza de trabajo se tenga que trasladar, también no es menos cierto que la falta de vínculo del/a trabajador/a con la empresa física y su autonomía para hacer y deshacer en su tiempo de trabajo le da unas posibilidades muy amplias de construir un sabotaje efectivo y fácil sobre el tiempo de trabajo marcado. Por otra parte, las distancias y la falta de sociabilidad de l@s trabajadores encerrad@s y separados en sus casas vienen a aumentar exponencialmente la disgregación y atomización del proletariado ocurrida durante todos estos años.
Así la línea entre trabajo en casa y tiempo libre en casa se difumina cada vez más en el capitalismo del encierro, una paradoja de lo que ocurre a nivel global en toda la sociedad donde el individuo se hace productor en la sociedad y la sociedad subsumida por el Capital totalmente, a su vez, hace productores a l@s individu@s. Por un lado atomización y disgregación, por otra socialización total. Necesidad de cooperación absoluta para la producción y también cada vez más el obstáculo del trabajo para expandir en toda su potencia esa cooperación y productividad social.
En este toma y daca que tiene el nuevo modelo productivo donde el "conocimiento" y el "trabajo inmaterial" es cada vez más determinante, el Capital necesita agudizar y extremar el control. Es bastante sorprendente como desestabiliza el status quo imperante cualquier pequeño acto colectivo fuera de su lógica.
Todos los sistemas de seguimiento y vigilancia, de ordenamiento de la población y de control desde el vértice que vemos claramente con la aparición del virus van a tener su aplicación continua y sistemática a partir de ahora en la detención y neutralización de cualquier tipo de antagonismo y en la prevención de revuelta social.
IN/SUMISIÓN PROLETARIA
Durante todo el confinamiento han estallado conflictos en muchos lugares del planeta. Desde el clima de guerra civil en USA con ciudades en llamas contra la brutalidad policial, pasando por Colombia, México, hasta los más recientes disturbios contra la Ley Mordaza del Estado Francés. Los disturbios contra las arbitrariedades y abusos policiales se nos aparecen como una constante global sin que el confinamiento haya ayudado a pararlos, más bien los ha agudizado. La policía como elemento de control más evidente e insoportable en esta sociedad del Capital, representa la institución capitalista a la que formalmente se enfrenta más directamente el proletariado mundial en su hastío y en sus explosiones de rabia. Concretamente en el mundo occidental donde más avanzado está el proceso de cambio que estamos viviendo, el proletariado más joven, que se desarrolla entre la precariedad y la ilegalidad del mercado negro, entre la impotencia de no poder consumir las mercancías que se le pasan por las narices (nunca mejor dicho), es el que en cuerpo y espíritu parece representar, en estos momentos, la insumisión proletaria a la dictadura del Capital a través de la revuelta y el disturbio. Verdadera participación liberadora y expresión auténticamente democrática en el estado actual de cosas.
Han sido por el contrario muy pocas y de nimia significación en el espacio social las movilizaciones para denunciar la situación de la sanidad, los despidos que por miles han sido encubiertos por la patronal como fines de contrato durante la pandemia, o los despidos por cierre definitivo de empresas.
Los motivos de protesta que se encauzaban en espacios formales de agregación y solidaridad más ligados a la tradición clásica heredara del movimiento obrero están hoy prácticamente desaparecidos. Parece constatarse la tendencia ya antes manifestada en la economía capitalista determinada por el "trabajo inmaterial" donde aquello relacionado con el No-trabajo provoca el antagonismo radical antes que aquello relacionado con el trabajo específicamente.
SPAIN IS DIFFERENT
En el caso concreto del Estado Español la sumisión proletaria en todos los sectores durante toda la pandemia está siendo digna de estudio. Con una gestión nefasta en el terreno sanitario que ha provocado miles de muertos más que otros territorios del entorno, las medidas de confinamiento más duras de toda Europa y un crecimiento de gente sin empleo sin parangón en la historia, las protestas que han ocurrido al respecto son pocas y no tienen comparación con el clima social que se vive en otros Estados como Francia o Italia.
Las huelgas o protestas obreras en sectores más o menos clásicos fueron terminadas abruptamente, abandonadas por los sindicatos o liquidadas por l@s propios trabajadores.
Los pocos disturbios y saqueos que ocurrieron en el segundo confinamiento ocurrieron ante la sorpresa total de tod@s los agentes políticos y sociales, especialmente de la izquierda que gestiona el estado de alarma que no dudó en acusarlos de "ultraderechistas".
Ciertamente no existe en el Estado español ninguna corriente significativa que agrupe un discurso fuera de la izquierda del Capital. Los restos de la extrema izquierda siguen en el seguidismo de los partidos y sindicatos, instituciones que participan en la gestión del cambio de modelo y de reestructuración tras la pandemia. El peso de la participación institucional en la gestión administrativa estatal de las fuerzas políticas que anteriormente mantenían un discurso más o menos opuesto al régimen español adquiere aquí un parecido muy cercano a una especie de "pactos de la moncloa" 2ª parte ( se llamaron pactos de la moncloa a una serie de acuerdos institucionales entre partidos políticos de derecha e izquierda y sindicatos que posibilitaron la reforma del franquismo en su continuidad sin ruptura política).
La utilización de esta izquierda que en parte viene de posiciones "antifascistas" en la configuración de una estabilidad sociopolítica del Estado español según las determinaciones de la dictadura capitalista, no es una novedad ciertamente aunque crea terribles contradicciones en ciertos referentes anclados en posiciones paleolíticas pero todavía presentes en la conciencia social.
No nos vamos a ir a Soros ni a la conspiración de los "metacapitalistas" que usan ciertos grupos ideológicos de raigambre protofascista, racistas y anti LGTBI que pertenecen a sectores empresariales dejados de lado en el nuevo modelo. La explicación de este falso manto "progre" que utiliza la dictadura del Capital, o más bien de esa visión distorsionada de la realidad material que tienen tanto unos como otros responde a unas causas que tienen que ver con la composición política que determina la composición técnica del Capital que se desarrolla teniendo el "trabajo inmaterial" como base principal de su dominio. El "trabajo inmaterial" al contrario que el trabajo fundado en el ciclo fordista hace al capitalista y no al revés. Este "trabajo inmaterial" funciona y se desarrolla con la cooperación como punto determinante:
"Esta función emprendedora "personificación del capital", en vez de constituir una premisa debe por lo tanto reconocer la articulación independiente de la cooperación social del trabajo en la fábrica, en la fábrica social y en el terciario de punta, y adaptarse a ellos.
En el momento en que el control capitalista de la sociedad se torna totalitario, el emprendedor ve como sus características constitutivas se tornan puramente formales. De hecho ejercita hoy su función de control y de vigilancia de lo externo del proceso productivo, porque el contenido del proceso pertenece siempre a otro modo de producción, a la cooperación social del trabajo inmaterial. La época en que el control de todos los elementos de la producción dependía de la voluntad y de la capacidad del capitalista es superada: es el trabajo el que, cada vez más, define al capitalista, y no al contrario. El emprendedor, hoy, debe ocuparse más de reunir los elementos políticos necesarios para la explotación de la empresa que de las condiciones productivas del proceso de trabajo. Estas se tornan, en una paradoja del capitalismo post industrial progresivamente independiente de su función. No nos cabe subrayar, aquí, como el dominio capitalista ejerce su "despotismo" y cuales consecuencias derivan de la nefasta fase de desenvolvimiento". (Trabajo Inmaterial. Lazzatto, Negri).
En el momento en que el control capitalista de la sociedad se torna totalitario, el emprendedor ve como sus características constitutivas se tornan puramente formales. De hecho ejercita hoy su función de control y de vigilancia de lo externo del proceso productivo, porque el contenido del proceso pertenece siempre a otro modo de producción, a la cooperación social del trabajo inmaterial. La época en que el control de todos los elementos de la producción dependía de la voluntad y de la capacidad del capitalista es superada: es el trabajo el que, cada vez más, define al capitalista, y no al contrario. El emprendedor, hoy, debe ocuparse más de reunir los elementos políticos necesarios para la explotación de la empresa que de las condiciones productivas del proceso de trabajo. Estas se tornan, en una paradoja del capitalismo post industrial progresivamente independiente de su función. No nos cabe subrayar, aquí, como el dominio capitalista ejerce su "despotismo" y cuales consecuencias derivan de la nefasta fase de desenvolvimiento". (Trabajo Inmaterial. Lazzatto, Negri).
Esto implica que la expresión política de este dominio ya no es más cuestión de las variables ideológicas neo/liberales que tradicionalmente se adhirieron en el corpus subjetivo de la derecha histórica sino que pueden tener y de hecho tienen un espacio entre el de la izquierda. Este "trabajo inmaterial" hace del "ambiente ideológico" también productividad, satisface las demandas del consumidor sea cual sea su patrón y al mismo tiempo constituye a ese consumidor como parte del dominio.
Si hay demanda social de un tipo de consumo de subjetividad del bloque negro por ejemplo, el trabajador inmaterial hará campañas de publicidad donde venda la belleza de ponerse una capucha y hará beneficio con ello para que el capitalista engorde sus cuentas digitales e integrar a los participantes del bloque negro en valores productivos para el sistema.
Creemos que tener conocimiento de las capacidades de estos procesos y esta materialidad es fundamental para comprender el tipo de contradicciones existentes hoy. No obstante también es cierto que estratégicamente el Capital ha utilizado opciones socialdemócratas y de izquierda para asegurar su poder. La diferencia es que hoy, en la sociedad totalizada por el Capital la misma producción de subjetividad ideológica se convierte en un valor de beneficio y por lo tanto se adapta desde su nacimiento al dominio capitalista.
Vemos también como de un lado el "trabajo inmaterial" tiene cualidades autónomas del Capital, es decir es capaz de crear al capitalista y al producto según su iniciativa e innovación propia. La potencia de este tipo de fuerza de trabajo para desembarazarse de la relación capitalista es mucho mayor que cualquier otro tipo de fuerza de trabajo hasta ahora pero también lo es para convertir en objetos valorizables, materiales e inmateriales todo lo existente e incorporarlos al dominio del Capital.
LA FORMACION DEL PARTIDO DEL DISTURBIO.
El problema de la organización se vuelve hoy para tod@s l@s que sentimos insoportable esta sociedad un asunto complejo y difícil de acometer. Todas las propuestas organizativas derivaron en institucionalidad, mercancía y fracaso. Sin duda todas, desde el partido de tipo bolchevique, el sindicato revolucionario, los consejos obreros o la organización guerrillera tuvieron su explicación, su razón de ser histórica y su correspondencia en la composición de clase del momento y lugar. Todas tuvieron su punto de ruptura, su capacidad para saltar por encima del consenso y avanzar en el antagonismo de clase. Sin embargo ninguna nos puede servir totalmente como modelo ya que todas han servido también como forma de integración en el Capital.
No tenemos pues modelo hoy. No sabemos como se construye tampoco. Por el contrario si tenemos alguna idea de cómo no se hace.
Hoy toda perspectiva antagonista debe estar separada de la sociedad del capital. El capital totaliza cualquier relación dialéctica, no puede haber un diálogo, es más no se puede hablar ni siquiera un lenguaje que sea capaz de ser descifrado porque se convierte en enemigo del proyecto comunista. Y nos referimos a comunismo como ese proceso que es capaz de destruir lo existente para construir algo que no existe. Lo que no existe pues, es un punto de referencia. Una potencialidad que late más que algo que se pueda definir a priori. Lo que existe sólo nos produce rechazo.
El programa tiene también una imposibilidad de ser designado de antemano, sólo se concretará en la separación y en la acción. Organización y programa se desarrollan y tienen sólo una posibilidad en la independencia sectaria fuera de la lógica capitalista.
La sociedad sin clases, la formación de una comunidad humana donde cada un@ dé lo que pueda y a cada un@ se de lo que necesite. La destrucción del valor y la valoración de la vida son las concreciones más esquemáticas que se pueden dilucidar a día de hoy ante un sistema que ocupa todos los espacios existentes.
El disturbio como no lugar del Capital se nos aparece como fundamental en esta situación. La alteración de lo existente mediante el lenguaje destructivo y la afirmación de antagonismo. Organización para el disturbio. Para la violencia sectaria contra la sociedad del capital. Esta es la única alternativa que dadas las circunstancias y siendo sincer@s podemos llegar a imaginar. Esto y apartarse del todo el viejo mundo de las demandas sensatas, los programas mínimos y las organizaciones fósiles. Cooperación de todas las capacidades subversivas contra la lógica del capital.